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lunes, 31 de agosto de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 50

Capítulo 50. Implacable y Cruel (2)


Unas palabras desafiantes fueron dirigidas a Blain. La quietud de la sala de recepción hizo que su voz sonara clara y fuerte.

"¿Sabes lo que me pasó ayer?"

"......"

La sonrisa ridícula que estaba en la cara de Blain desapareció, y se rostro se puso rígido.

Pero Leah no prestó atención a su reacción. A pesar de estar enfurecida, su respiración de repente se volvió uniforme. Sus manos comenzaron a sentirse húmedas mientras el sudor frío goteaba de su cuello. Obligando a sus piernas tambaleantes a quedarse quietas.

Blain se sorprendió por la expresión feroz y fulminante de Leah.

"No te atrevas a ponerle la mano encima a la gente de aquí. Toda esta gente es inocente". Se las arregló para pronunciar esas palabras cuando su corazón, que había palpitado tranquilamente hace un rato, comenzó a acelerarse. En los bordes de su visión, comenzaron a aparecer destellos de puntos, y su vista se volvió borrosa.

Leah nunca cedería. Por el pueblo, lo desafiaría sin cesar y no retrocedería. Incluso si Blain, en este mismo momento, involucraba a Cerdina, ella mantendría su postura.

Blain, que había estado mirando directamente a Leah, frunció las cejas.

"Tú..." Sin mencionar la valentía de Leah, en ese momento, Blain estaba pensando que debía responder.

Sin embargo, de repente Leah tuvo una severa sensación de náuseas y mareos. Las piernas que habían estado esforzándose por mantenerla de pie, se tambalearon . En un instante, subió sus manos para cubrir su boca mientras sentía que algo estaba brotando dentro de ella.

De repente, escupió una sustancia caliente. Sus palmas, que estaban húmedas de sudor, se enrojecieron. Una oscura mancha de sangre apareció entre sus palmas. Su lengua sentía el sabor a hierro que perduraba y su boca goteó una línea de saliva roja hasta su barbilla.

Leah se miró las manos y parpadeó. "Ahhh..."

En el siguiente momento, sus piernas se rindieron y comenzó a desplomarse. Leah sintió que su entorno se volvía silencioso, mientras la oscuridad cubría su visión.

El pánico surgió mientras Leah perdía el conocimiento.

"¡Leah!"

En medio de los gritos, alguien atrapó su cuerpo que estaba cayendo.

***

Los Gitanos se pueden considerar anárquicos. Eran peregrinos que se adornaban exóticamente con exquisitas texturas y joyas bañadas en oro. Sus sombreros, hechos de lujosas sedas y lujosos bordados, eran símbolos de su espíritu libre.

Vagaban libremente por el continente porque no estaban confinados a costumbres. Esta gente, que no poseía nada, ni tenía lazos que los unieran a cierto país, no tenía nada que perder. Por eso, actuaban sin temor a las consecuencias.

Sin embargo, los intrépidos Gitanos sólo evitaban una cosa: los Kurkanos.

Cada rincón del continente podía convertirse en el hogar de los Gitanos, pero una región quedó intacta para ellos. A lo largo de la historia, el Desierto del Oeste se mantuvo sin Gitanos. No se sabía por qué evitaban a los Kurkans, pero una cosa era segura: les tenían un miedo terrible.

"Haban."

Ishakan movió su mano hacia un hombre, quien inmediatamente sacó un paño para limpiar la sangre de las manos callosas de su rey. Pero la tela, que ya estaba manchada de carmesí, no bastaba para limpiar las palmas ensangrentadas de Ishakan.

Además de su palma, todo el cuerpo de Ishakan estaba cubierto de sangre. El profundo líquido goteaba por su bronceada piel, y ninguno de ellos le pertenecía. Un claro recordatorio de su poder.

Ishakan se limpió la mejilla con el dorso de la mano y miró el desastre que había hecho. Un murmullo bajo salió mientras observaba el desastre.

"¿Me pasé?"

"Creo que sí". Haban respondió con brusquedad. Pero para Ishakan, hacerlo de esta manera era mucho más simple y rápido.

"Sin embargo, me siento más cómodo usando mis manos. Algún arma sería demasiado incómoda de usar."

Pronunciaba esas palabras de manera casual, como si acabara de terminar un ejercicio ligero. Sin embargo, la escena era terrible. Frente a los cadáveres retorcidos y desgarrados, Ishakan tranquilamente sacó un cigarrillo. Luego, le hizo un gesto a Haban una vez más.

Le encendió el cigarro, e Ishakan respiró profundamente, inhalando el calmante aroma del tabaco.

La espantosa escena de cuerpos destrozados y sangre esparcida reflejaba lo monstruoso que eran los Kurkans. Su naturaleza salvaje se revelaba en momentos como éste.

"Si te encuentras con los aristócratas de Estia en ese estado, ni siquiera necesitarás sobornarlos para resolver el problema."

Haban, que estaba viendo cómo los ojos ardientes de Ishakan se enfriaban lentamente, habló.

"No estoy muy seguro. Aún no les he sacado el tema."

Haban se rió poco de las palabras de Ishakan. No había pasado ningún día tranquilo desde que había llegado a Estia. El grupo anti-paz, incluyendo a Byun Gyongbaek de Oberde, intentaba interferir con el acuerdo.

Byun Gyongbaek parecía ignorar el hecho de que las estrategias militares que había empleado no funcionaban. Los asesinos enviados también eran completamente incompetentes.

En este sentido, incluso el Reino de Estia era culpable. Sólo la princesa de Estia había supuesto que los Kurkans no estaban interesados en el tratado de paz.

"De todos modos, ahora se ha complicado más debido a los asesinos. Hemos perdido de vista al Tomari."

Haban también sacó su cigarrillo y frunció el ceño. Había venido a este lugar por los Gitanos. Sin embargo, debido al repentino ataque de los asesinos, sus planes cambiaron de rumbo. Los Gitanos a los que inicialmente iban a matar habían huido.

"Tomari es capaz de ocultarse y evitar dejar cualquier rastro. Con su capacidad de esconderse bien, una vez que lo pierdes, es difícil atraparlo de nuevo."

Haban hábilmente masticaba el cigarro. El cigarro se sentía amargo en su lengua, pero ignoró el sabor desagradable.  Se preocupaba por llevar a cabo los planes de Ishakan. Hasta ahora, sus esfuerzos habían sido en vano. Ishakan apartó el cabello que se le había pegado en la cara.

"¿Podemos formar un grupo de personas que los persigan? ¿Tenemos suficientes hombres?"

"Nuestros números están un poco limitados, pero lo intentaré". Al pensar en el éxito de los planes de Ishakan, Haban ardía con una motivación renovada.

En medio del suelo teñido de sangre, el sonido de los pasos de alguien hizo eco.

"¡Genin!" Haban la saludó con gusto. Sin embargo, Genin no tuvo tiempo de responder a su saludo. Con una expresión severa, ella se dirigió frente a Ishakan e informó. Su tono sonaba levemente tenso, y ansioso.

"La princesa se desmayó."