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sábado, 29 de agosto de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 48

Capítulo 48. Te Esperaba (2)


Sumida en sus pensamientos, Leah no era consciente de que había estado mirando fijamente el tatuaje de Genin durante demasiado tiempo, su atención estaba centrada en el intrincado patrón de la tinta en su piel. Al notar la fascinación de la princesa, Genin se subió las mangas y le permitió a Leah mirar mejor su tatuaje.

Mostró su antebrazo y le dijo a Leah: "Sólo tengo un tatuaje".

Afortunadamente, no pareció considerar la curiosidad de Leah como algo grosero. Leah dudó por un momento, y después de contemplar si sería apropiado preguntarle a la mujer de Kurkan, hizo una pregunta sobre la que había estado pensando con curiosidad.

"Inicialmente pensé que todos los Kurkans tenían tatuajes, pero parece que su rey no tiene ninguno."

Después de pronunciar esas palabras, sus mejillas se sonrojaron por la vergüenza. Sus palabras significaban que estaba admitiendo que había visto a Ishakan desnudo, en toda su gloria. Sin embargo, afortunadamente parecía que Genin no había pensado en ello.

"Sí, el rey Ishakan no tiene ningún tatuaje." Los ojos de Genin brillaban con adoración. Su tono estaba lleno de orgullo por el Rey de Kurkan.

"Eso significa que nunca ha perdido una pelea."

Leah había escuchado historias de que los Kurkans determinaban su rango por la fuerza. Pero era la primera vez que escuchaba lo que los tatuajes simbolizaban para ellos. Además, sabiendo que nunca había perdido una batalla...

Le parecía algo sorprendente, que de alguna manera, consideraba razonable. La derrota no encajaba con Ishakan. Era más apropiado, que estuviera sentado en el trono más alto, mirando hacia abajo victoriosamente desde lo alto. Leah pensó en los impertinentes ojos dorados de Ishakan mientras hablaba.

"El rey me ayudó ayer."

Ella agarró su manta mientras estaba inmersa en la vergüenza y continuó hablando lentamente.

"Por favor, transmite mi gratitud."

"Se lo diré al Rey."

Genin sonrió por primera vez. Con la inquietud aumentando, Leah rápidamente cambió de tema. "¿Puedes traer ropa también?"

"Muy bien, princesa. El rey tiene algunas cosas que hacer, por eso no está aquí en este momento. La escoltaré hasta el palacio."

Leah reflexionaba sobre cuál sería la mejor opción: ir al palacio con Genin, o que las criadas vinieran a este lugar. Ambos escenarios eran terribles. El último parecía ser un poco mejor que, sin embargo, entre las sirvientas, había algunas que tenían miedo de los Kurkans.

Incluso la Condesa Melissa se había sentido temerosa cuando se encontró con Ishakan. Después de reflexionar unos momentos, Leah decidió no molestar a sus sirvientas pidiéndoles que vinieran a ella, y en su lugar eligió dirigirse al palacio con Genin.

Con la ayuda de Genin, Leah pudo vestirse adecuadamente. Aunque la guardia de escolta del rey era un poco torpe, probablemente no acostumbrada a atender a una princesa como Leah, la atendió con entusiasmo. Mientras la ayudaba a ponerse un vestido cómodo, Genin también se esforzó por hablar con Leah, a pesar de no tener la fortuna de entablar conversaciones con facilidad.

Estaba intentando que Leah se sintiera más cómoda a su alrededor y, por otro lado, quería causar una impresión favorable de las mujeres de Kurkan. Y a juzgar por la calmada y confiada princesa, parecía que había tenido éxito.

Tan pronto como Leah se vistió, el brazo de Genin se enrolló inmediatamente alrededor de su cintura para sostenerla.

Como Leah no podía caminar por los rasguños y heridas de sus pies, Genin llevó a Leah en sus brazos: un brazo bajo las piernas y el otro sosteniendo su espalda como un novio llevando a su novia.

"Por favor, discúlpeme, princesa."

Aunque Leah estaba sorprendida, decidió unilateralmente que era mejor aceptar la ayuda de Genin. De esa forma, se dirigieron directamente al carruaje. Ella estaba agradecida por el fuerte apoyo que Genin le estaba dando.

Mientras viajaba en el carruaje, la mente de Leah se desviaba, encerrada en sus pensamientos mientras su entorno empezaba a cambiar. Pronto, a medida que se acercaban al palacio, comenzó a pensar en los problemas que había dejado de lado hasta ahora.

Una sensación de incomodidad apareció; el palacio asomándose desde la distancia provocó un sentimiento intangible de temor en su interior.

Cuando el carruaje se detuvo, el impulso de no bajarse abrumó a Leah. Finalmente, suprimió su deseo de quedarse, abrió la puerta y se bajó del carruaje. Naturalmente, sus pies tocaron el suelo, pero continuó con sus pasos, el dolor que lo acompañaba era la menor de sus preocupaciones.

Miró hacia la entrada espléndidamente decorada. Las paredes de piedra caliza brillaban al sol, con la textura de una suave tiza.

A ambos lados, esculturas de los antiguos monarcas custodiaban la entrada; habían sido hechas hace mucho tiempo por generaciones de artistas, puestas sobre pedestales. La fuente que se encontraba frente a la entrada, cerca de donde el carruaje se había estacionado, brotaban majestuosamente varios chorros del centro formando hermosos arcos. El sol hacía brillar las gotas haciéndolas aparecer como diamantes lloviendo en un charco de agua. Setos perfectamente cuidados, transformados en la forma de varios animales, perfilaban claramente el cuadrado de la entrada.

Sin embargo, a pesar de todo esto, la belleza del palacio no le dio mucho consuelo.

"......"

Un sentimiento inquietante surgió en Leah. Algo era extraño. Cuando el carruaje en el que iba se había detenido frente a las empinadas escaleras, esperaba que alguien saliera a saludarla.

Pero nadie le había dado la bienvenida a su llegada.

Leah entró rápidamente.

El palacio estaba misteriosamente tranquilo. La ansiedad burbujeaba en ella mientras caminaba por los tranquilos pasillos, pero nadie parecía estar caminando.

Genin, que la seguía a sus espaldas, dijo con voz cautelosa. "Su Alteza, debe haber alguien en la sala de recepción."

Con eso, las dos se dirigieron a la sala de recepción. Leah, que había estado cojeando, caminó hacia la puerta abierta de la sala de recepción y se congeló.

Lo que hizo detuviera sus pasos no eran las personas que se encontraban en el lugar. Desde las sirvientas del palacio real hasta el empleado que hacía las tareas de la cocina, todos ellos estaban reunidos en la sala de recepción.

Si no, el hombre que estaba reclinado frente a los sirvientes, tomando el té solo.  Quizás se debía el aura que emitía, o su vil personalidad, el hombre resultaba intimidante, haciendo temblar a los que le rodeaban.

Desde donde estaba, Leah podía observar a los sirvientes temblando con la cabeza hacia abajo como si hubieran cometido un grave pecado.

El hombre colocó su brazo en la parte trasera del sofá perezosamente y abrió la boca.

"Oh, llegaste temprano."

Sus brillantes ojos azules se estrecharon ante Leah.

"Te esperaba, hermana."

Parecía que su llegada no era para nada inoportuna, Blain la había estado esperando.