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lunes, 24 de agosto de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 46

Capítulo 46. Cama de Rosas (2) | 19


"Esto es lo que querías. Deberías comer más."

"¡Hhhh, ah... Ahhhh, Ishakan...!" Leah gritó, su voz gritaba en protesta, su mente ansiaba más.

"Tendré que llenarte adecuadamente para que tu mente no lo ansíe por un tiempo."

Sus gemidos y quejidos impotentes resonaron durante la noche tranquila. El sonido de los cuerpos colisionando y la respiración pesada se intensificó. Sus ojos brillaban con lágrimas, podía vislumbrar débilmente la luz de la luna al echar la cabeza hacia atrás. Clavó sus uñas en la espalda de Ishakan, sin restricciones. Su mente se quedó en blanco, un increíble e indescriptible placer barrió sus sentidos.

"¡Hick, haaaang!"

Leah soltó sollozos seductores y arqueó sus caderas. Ella llegó al éxtasis, con su néctar goteando. Se veía especialmente frágil y sensual en el resplandor posterior.

Luego, un escalofrío corrió por su columna, sus manos y pies no dejaban de temblar.

Su agarre se apretó, no se detuvo. En su lugar, empujó su todavía vigorosa vara, más profundamente. Chupó la saliva que goteaba por sus labios abiertos, mordisqueando su mejilla mientras lo hacía.

"¡Te llenaré hasta que estés llena hoy!" Declaró.

***

¿Cuántas veces lo hicieron?

Leah había perdido toda perspectiva de la realidad, no podía decir dónde terminaba y comenzaba Ishakan. Después de la segunda vez, su memoria se borró. Todo lo que quedaba era un débil recuerdo de su frenética unión; su última pizca de reserva había escapado hace tiempo de sus grilletes cuando Ishakan la tomó como una bestia.

Lo último que recordaba era su delirante grito; gritos de placer eufórico. Parecía que se había desmayado después de eso. No había comido bien para prepararse para el banquete, así que era natural que su cuerpo no pudiera soportarlo, después de hacer el amor tan ferozmente.

Leah forzó sus pesados párpados a abrirse. Necesitaba desesperadamente humedecer su garganta reseca. 'Agua, necesito agua'. 

"......"

Un largo trozo de tela revoloteando le llamó la atención. Era una cortina, bordada con elaborados patrones, que revoloteaba libremente con el viento. Su conciencia estaba regresando lentamente a ella, comenzó a notar lo que la rodeaba. Sus ojos miraban fijamente, como si estuvieran estudiando los intrincados patrones de las cortinas.

Leah se encontraba en una tranquila y oscura habitación. Una neblina de humo se filtraba, el silencio tan intenso que incluso el inaudible torbellino de polvo podía ser escuchado.

Mirando a través de la ventana, la luz plateada de la luna perfectamente redondeada brillaba. Un mundo de estrellas pintaba el cielo, permitiéndole observar un prisma de pequeñas y brillantes gemas, que salpicaban el cielo.

Parecía irreal. Leah sintió que alguien le tocaba el cabello. Sus párpados revoloteaban continuamente, tratando de comprender si todavía estaba en un sueño, o si este trance era una realidad. El calor que juguetonamente tocaba y suavemente peinaba su cabello era tranquilizador.

Después de un rato de sentir el toque, se dio cuenta de que estaba acostada en una cama. Su cabeza descansaba en un montículo cálido y firme. Para ser precisos, usaba un muslo tenso como almohada.

El hombre, apoyado en la cama, fumaba relajadamente.  Con un cigarrillo entre sus dedos índice y medi. Tenía una pierna flexionada en un ángulo de noventa grados y la otra tendido para ella.

Inhaló profundamente y exhaló. El humo brumoso, se dispersó en el aire. El fresco, pero dulce aroma, se esparció lentamente por la habitación.

Leah, que lo había estado mirando durante mucho tiempo, retorció su cuerpo. Ya no tenía la energía para levantarse. Así que sólo logró mover ligeramente la cabeza. Afortunadamente, el hombre cuyo muslo bronceado estaba usando como almohada, se dio cuenta inmediatamente. Sus ojos dorados que miraban fijamente al distante crepúsculo se volvieron hacia ella.

Ella chasqueó y frunció los labios.

"Agua..."

Ishakan la levantó y la apoyó en su pecho. Apagó su cigarrillo en el cenicero de latón de la cama y extendió su mano hacia la mesa de noche.

Agarró una jarra y se bebió el líquido. Luego, mirando sus labios resecos, la besó, soltando lentamente el agua en su boca. Ella tragó el agua fría que pasaba por sus labios, bebiendo hasta la última gota. Sus ojos se quedaron en los suyos, pidiendo más.

Ishakan volvió a darle agua de la misma manera. Ella sintió que algunos de sus sentidos volvían después de saciar su sed. Sin embargo, todavía no tenía fuerza en su cuerpo, y su mente estaba todavía nublada. Sentía como si alguien estuviera constantemente pinchando su cabeza con una pequeña aguja. Su percepción estaba distorsionada, su visión distorsionada.

"Me siento mareada...", dijo mansamente.

Ishakan pasó algo por sus labios, tan pronto como se quejó y sacudió la cabeza.

"No lo tragues, sólo déjalo en tu boca, por unos segundos, luego escúpelo... Sí, eso es todo."

El humo del cigarrillo llenó suavemente su boca, y lo más interesante es que tan pronto como el fresco aroma penetró en su húmeda cavidad, su dolor de cabeza desapareció. Los mareos disminuyeron muy lentamente. Quería tragarlo, pero no tenía fuerzas para hacerlo, así que lo mantuvo en la boca y lo escupió como si le hubieran pedido que lo hiciera.

"Buen trabajo."

La besó ligeramente. A ella le gustó la sensación de frescura y quiso probar un poco más. Ella abrió la boca de nuevo, pero Ishakan la apartó con firmeza.

"No. Demasiada medicina es veneno." Su voz tranquilizadora rechazó su súplica silenciosa.

Una mano cálida le cubrió los ojos cuando lo estaba mirando con tristeza. Su voz profunda y baja sonaba como una canción de cuna.

"Deberías estar bien ahora."

Esa única palabra la tranquilizó mágicamente.

'Sí, todo iba a estar bien'.

Ella cerró los ojos, que estaban escondidos en la oscuridad de la palma de su mano.

La somnolencia comenzó a obstruir sus pensamientos. Lentamente, se sumergió de nuevo en un profundo sueño.