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jueves, 13 de agosto de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 43

Capítulo 43. Dos Figuras Disfrutando en la Luz de la Luna (1)  | 19


En una ocasión normal, si hubiera escuchado sus palabras obscenas, tal vez se habría sonrojado. Las palabras eróticas, por vergüenza, la habrían hecho sentir disgustada. Sin embargo, actualmente Leah no podía reaccionar. 

Sentía como si la abrumadora cantidad de placer del intenso ataque de Ishakan hubiera adormecido su cerebro, convirtiéndolo en un pudín aplastado. En su estado debilitado, sólo podía agarrar impotentemente el dobladillo de su vestido con sus manos temblorosas.

Las huellas carmesíes de sus palmas adornaban sus pálidos e impotentes muslos. Ishakan, aún sin asfixiarse, chupaba con fuerza entre sus labios, dejando sólo otra marca deslumbrante.

El acto fue tan salvaje, que al mirar hacia abajo, se podía mirar sus muslos marcados con sus huellas.  Era un significado claro.

Tú eres mía.

Exhausta y completamente impotente, Leah se estremeció de repente. Mientras estaba siendo atacada por Ishakan, su mirada se fijó accidentalmente en eso. El rey bárbaro agarró lo que acababa de sacar de la cintura de sus pantalones.

Con semejante monstruosidad, incluso en su estado de confusión inducida por las dr#gas, se sintió incómoda, pensando que sería demasiado para ella, incluso insoportable.

Su gruesa longitud tenía vasos sanguíneos abultados. En su estado, se notaba que palpitaban. Decir que su tamaño era tan grande como la cabeza de una joven bestia, no sería una exageración.

Los dedos de Ishakan frotaron sus pétalos y la cabeza de su monstruosidad se golpeó contra su entrada.  El acto, acercándolos, hizo que su corazón se acelerara.

Con la poción en sus venas, le costaba hablar, su discurso se distorsionaba, sus palabras se arrastraban sin control. Sin embargo, ella luchó contra el peso de su lengua.

"Es demasiado grande...eso, eso, eso no entrará..." Las palabras se escaparon de sus labios tartamudeando.

La risa de Ishakan, que sonaba distante, le rozaba los oídos. "No funcionó la última vez. ¿Ya lo has olvidado?"

Al contrario de lo que acababa de decir, no había forma de que ella pudiera olvidar su acalorado encuentro. ¿Cómo podría? Había sido la experiencia más impactante de la vida de Leah. Sin embargo, viendo su falta de respuesta, Ishakan concluyó por sí mismo que ella, de hecho, lo había olvidado.

Un bajo gruñido salió de su garganta, y se rió maliciosamente. "Tendré que hacerlo a menudo entonces, para que no lo olvides."

Antes de que Leah pudiera pronunciar algo en respuesta, Ishakan se metió dentro de ella.Ella no pudo evitar gritar, tan pronto como su gruesa monstruosidad entró; el inmenso placer y el inevitable dolor que lo acompañaba, era abrumador.

Eso no era algo que su cuerpo pudiera soportar fácilmente. Aunque la había relajado diligentemente con sus dedos, su parte inferior apretaba fuertemente, un débil intento de empujar hacia afuera el objeto extraño.

Su estómago se sentía lleno hasta el borde, y se podía observar un ligero abultamiento. Sus lágrimas mezcladas con saliva llegaban a su barbilla.

Fue entonces cuando él comenzó a mover su cintura hacia atrás y hacia adelante, luego agarró la cintura de Leah con fuerza y la embistió, empujando el resto dentro de ella en un movimiento sin piedad. Su cintura, que se precipitó hacia ella sin previo aviso, de repente la golpeó en su parte más cercana.

Esta vez, ni siquiera pudo gritar. Leah sólo podía temblar mientras soltaba breves jadeos y gritos. Sus partes internas húmedas y pegajosas, convulsionaron, masticando al gran intruso.

"Joder, Leah..." Dijo Ishakan.

Su manzana de Adán se movió, y una voz furiosa salió temblorosa.

"Ugh... estás apretando tan fuerte..."

Los pies de Leah, que estaban tambaleándose indefensos en el aire, casi tocaron el suelo. Ishakan la agarró por los tobillos y la levantó.

"Ten cuidado con tus pies."

Sólo entonces ella recordó que tenía heridas en las plantas de los pies. Su unión la había hecho delirar. Estaba demasiado borracha de estimulación como para sentir el dolor. Ishakan posó la pierna de Leah sobre su hombro. Al levantar sus caderas, su cintura se dobló hacia atrás permitiendo que su vestido bajara libremente, revelando su piel aún más.

Ishakan frunció el ceño, tal vez era porque el vestido resultaba demasiado engorroso, que incluso cuando lo sostenía con las manos, seguía estorbando.  No tuvo la paciencia de desatar finamente cada una de las complicadas cintas y nudos del vestido. Necesitaba desatarlo completamente de la manera más rápida posible.

Las venas de sus manos mostraban lo tenso que estaba por deshacerse de la ropa molesta. Sus dedos se engancharon a la suave seda, y con poco esfuerzo, le arrancaron completamente sus prendas.

Un destello de preocupación cruzó su mente al escuchar el sonido de la tela rasgándose. Sin embargo, esa preocupación duró poco, se desvaneció tan rápido como llegó. Ishakan la sostuvo por la parte trasera de sus muslos, levantándola. Sus piernas colgaban en el aire mientras su cuerpo se inclinaba.

Los músculos se apretaron firmemente con fuerza. Ella pensó que iba a ceder, cuando de repente, él presionó con todo su peso en un movimiento brusco. Desde arriba, empezó a golpearla sin piedad.

Los rápidos e intensos movimientos que hizo al entrar y salir de ella, la presionaban contra el suelo. Lía abrió bien los ojos y las lágrimas brotaron de su rostro ante su feroz ataque.

En este punto, su cuerpo no era suyo. En sincronía con Ishakan, ella seguía su rápido ritmo, mientras la punta pesada le atravesaba el vientre. Ella no podía respirar y sus ojos parpadeaban con frenesí.

"¡Ah! ¡Ah!..."

Leah temblaba, sacudida hasta el punto de no poder moverse ni un centímetro. Sus fuertes gemidos que sonaban constantemente eran música para los oídos de Ishakan.

Empujó a Leah hasta el límite de lo posible para que no pensara en contener sus escandalosos gemidos, aunque estuvieran al aire libre.