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miércoles, 5 de agosto de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 40

Capítulo 40. Poción de Amor (2)


Las palmas de sus manos llegaron a sus mejillas, frotando las lágrimas mientras ella jadeaba. Cuando finalmente se calmó lo suficiente, ambos se miraron fijamente en silencio.

"¡Leah! ¡Oh Leah!" La voz de Byun Gyongbaek sonó en medio de la noche. Dijo su nombre como si estuviera cantando, y los escalofríos recorrieron su columna vertebral cuando lo escuchó. Él se reía con fuerza mientras se acercaba lentamente a su ubicación.

Ishakan sintió la forma en que temblaba una vez más, y eso bastaba para darle una idea de lo que había sucedido. Él apretó su mandíbula, y los dientes. 

Suavemente, sacó sus brazos alrededor de ella, se quitó la capa y la envolvió alrededor de la pequeña estructura de Leah.

Los dedos de Leah inmediatamente agarraron la seda púrpura, la abrazó fuertemente alrededor de ella.

"Dime", dijo él en voz baja, pero con severidad al encontrarse con su mirada, "¿Debo deshacerme de él?" preguntó con frialdad, diciéndole en silencio que también lo haría con gusto.

Su vista aún estaba nublada, pero podía observar el brillo dorado de sus ojos con bastante claridad. Él estaba esperando que ella respondiera. Por mucho que ella quisiera decir que sí...

Leah sacudió la cabeza en negación. Ante su respuesta, Ishakan cerró los ojos y respiró profundamente antes de abrirlos y mirarla, sus ojos dorados brillaban peligrosamente. Colocó suavemente a Leah detrás de él mientras se giraba hacia donde Byun Gyongbaek iba a aparecer.

"Quédate aquí", le dijo en voz baja y se movió, pero algo lo detuvo. Fue Leah. A pesar de su dificultad para hablar, Leah lo hizo con su garganta seca y su voz tranquila...

"Tú..." tragó para mojarse la garganta, "No puedes..."

'No puede matar a Byun Gyongbaek, no debe hacerlo'. La cara de Ishakan se transformó en un ceño fruncido cuanto más ella trataba de disuadirlo para que no lo hiciera.

Y por primera vez desde que se conocieron, se encontró levantándole la voz.

"Incluso en este momento, ¿Todavía estás preocupada por la familia real?", exclamó con furia. Sus pupilas se estrecharon hacia ella, causando que Leah sintiera su verdadera ira debido a su decisión. "Incluso la bondad tiene sus límites, mi dama." Ishakan la miraba, pero Leah no se intimidaba. No debía retroceder de esto.

"No... la familia real", respondió mientras trataba de encontrar su voz, "Sino de Estia. No puedo dejar que... los inocentes sufran..." Terminó suavemente.

A pesar de su horrenda personalidad, Byun Gyongbaek había ayudado a Estia en gran medida, no sólo bloqueando a los Kurkan, sino que también los mantuvo bajo control en las fronteras occidentales. Su vida estaba ligada a muchos inocentes.

A diferencia de la suya, donde nadie se vería afectado. Su muerte no provocaría ningún cambio.

"Sólo... quiero irme de aquí." Ella continuó, mientras Ishakan la miraba en silencio. "Por favor, te lo ruego..." Su agarre se apretó en su brazo.

Ishakan respiraba profundamente. Su pecho se elevaba y bajaba mientras pensaba, hasta que su respiración volvió a la normalidad. Maldijo en voz baja en lengua Kurkan, levantó una mano y se frotó los ojos. Después de un momento de silencio, finalmente habló...

"Estás poniendo a prueba la paciencia de un Kurkan", le advirtió. Ella quería disculparse con él, por todos sus problemas. Pero tan pronto como ella abrió la boca, no se escuchó ninguna voz, sólo una bocanada de aliento. Ella se sujeto del cuerpo de Ishakan, su agarre se aflojó mientras se encorvaba haciendo un leve gemido.

Toda la fuerza se había ido de su cuerpo mientras caía.

Algo parecía extraño. El calor en ella comenzó a aumentar. Se sentía cada segundo más caliente, mientras comenzaba a faltarle el aire. Su pensamiento inicial fue que su adrenalina se había disipado, y su fatiga había regresado con toda la fuerza...

Pero siguió empeorando...

"¡Tú!" Ishakan maldijo ligeramente mientras se agachaba. Su temperatura corporal seguía subiendo y se reprendió a sí mismo por no darse cuenta de que algo andaba mal con ella.

Con su toque de frescura, Leah soltó un gemido. Su temperatura corporal normalmente era más alta que la de ella. Pero ahora su cuerpo era más frío que el de Leah, no era una situación normal.

"¿Qué ingeriste?" Ella le escuchó preguntar, y la copa de vino le vino a la mente...

Recordó lo limpio que estaba la copa después de beber de ella. Cuán suavemente había pasado por su garganta, más de lo que esperaba. Recordó las palabras de su prometido cuando le dijo que le haría compañía hasta que la poción se acabara...

"Byun... el vino..." Susurró, estaba empezando a ver manchas negras...

"Ven aquí". Ishakan le susurró preocupado mientras la agarraba por la cintura, colocando su brazo para que ella se apoyara contra su pecho. Le agarró la barbilla con la otra mano y la inclinó hacia arriba hasta que sus labios se encontraron.

Ishakan le abrió la boca, Leah sintió que algo se deslizaba de su boca a la de ella.

Fue como si hubiera sido electrocutada con algo eléctrico. Se aferró a él, sin poder pensar en apartarlo mientras su mente se nublaba.

Mientras su lengua se adentraba, probó los restos del vino en su boca y frunció el ceño. Lentamente se separó de ella y miró su rostro.

"Se reunió con Tomaris el otro día, ¿Recuerdas?" le preguntó, y Leah asintió al recordarlo mezclándose con los gitanos. Ishakan dejó escapar un suspiro. "Les compró una poción de amor", le dijo, y el corazón de Leah se desplomó.

¡¿Significaba esto que se enamoraría de él?! ¿De Byun Gyongbaek?

"Está bien, está bien." Ishakan la consoló, notando su aliento acelerado, "Es sólo un nombre. En realidad es un afrodisíaco barato. Pociones de amor, las verdaderas son pocas y escasas..." continuó.

Pero Leah apenas podía escucharlo bien, chasqueando sus labios distraídamente, antes de que su cuerpo temblara violentamente.

Caliente. Todo se volvió más caliente, como si una bola de fuego le revolviera el estómago. Sentía como si estuviera hirviendo. Su visión empezó a volverse borrosa cuanto más intentaba mantenerse despierta y mantener la cabeza erguida, sólo empeoraba.

Por encima de ella, Leah podía mirar a Ishakan con una expresión pensativa.

"Antídoto... necesitamos el antídoto..." Ella le murmuró, e Ishakan se rió suavemente, sonriendo mientras la acercaba en un abrazo...

"No te preocupes..." Ella lo escuchó susurrar, "El antídoto está aquí."

Y su visión se volvió negra.