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domingo, 2 de agosto de 2020

La Villana Vive Dos Veces - Capítulo 10

Capítulo 10. Primer Encuentro (5)


Al llegar a la mansión del Marquesado Rosan, Artizea le entregó la vela de oración que fue bendecida a Kishore y luego entró al interior.

Los empleados del Marquesado Rosan estaban haciendo su trabajo tranquilamente, sin inquietarse por la visita del emperador.

El emperador visitaba ocasionalmente el Marquesado Rosan para sorprender y complacer a Miraila.

"Reparte las bolsas de regalo que han sido preparadas."

“Usarás casi todas las que tienes.”

Alice susurró desconcertada. 

Artizea había hecho docenas de pequeñas bolsas de seda que contenían unas pocas monedas de oro y las tenía guardadas en su caja fuerte personal.

Era para facilitar la entrega de sobornos denominado regalos o propinas.

Antes de volver al pasado, le había enseñado a Alice a gestionar la red de información.

「Cuanto más alto sea el estatus, más personas te servirán. Y si alguien es de la familia imperial, habrá docenas de personas siguiéndolo de habitación en habitación para servirte. El número de personas que limpian, ordenan las habitaciones, preparan y llevan la comida es incontable.」

「Es cierto.」

「Pero la mayoría de empleados que trabajan para estos nobles ni siquiera son reconocidos como seres humanos. Por esa razón, pueden obtener mucha información valiosa actuando como espías.」

「Bueno, entiendo lo que quiere decir, pero si ellos tienen información valiosa, ¿No suelen venderla? ¿No es mejor pagarles en ese momento?」

Alice dijo inclinando la cabeza.

Muchos empleados sabían que podían ganar dinero vendiendo información.

Por eso, solían recordar todo lo que hablaban y hacían las personas a las que servían, para vender esa información cuando llegara el momento adecuado o para lograr sus propias ambiciones.

「Si hago esto regularmente, ¿no vendrán a hablar conmigo primero cuando tenga información valiosa?」

「Ah, estás comprando prioridad.」

「Sobre todo la confianza, pensarán que estoy dispuesta a comprar cualquier información valiosa y también que tengo la capacidad de pagar sin importar lo que cueste. Es necesario demostrar eso regularmente.」

Artizea también sobornaba a aquellos en posiciones no importantes.

No podría comprar sus corazones gastando dinero solo cuando le convenía.

「Debes saber esto. Si das dinero sin pedir ningún favor, se sentirán en deuda. Esto es muy importante. Cuando das dinero y pides algo a cambio, la relación terminara de inmediato. Pero al no pedir, la relación nunca terminara. Siempre pensarán que tienen que hacer algo por ti.」

Esto no solo aplicaba para los pobres, también para aquellos que ocupaban mejores posiciones.

Con las monedas de oro que Artizea les entregaba, podían vivir tranquilamente durantes meses y educar a su hijos.

Entonces, naturalmente se sentían agradecidos.

Si hubiera tenido un estatus inferior al de la otra parte, los destinatarios del dinero lo habrían visto como un soborno e ignorado.

Pero ella era la Marquesa Rosan. 

El dinero que daba era un soborno con vistas al futuro, pero los destinatarios no sentían que estaban siendo comprados, sino que estaban siendo favorecidos por parte de su superior.

Y con lealtad, podían pagar la gracia de su superior.

「Habla con ellos frecuentemente cada vez que les des dinero. Deben saber que estoy dispuesta a comprar cualquier información, incluso alguna que no vendieron porque pensaban que no era valiosa. A medida que mi reputación general crezca y gane su confianza, gente a la que nunca se le ha dado dinero antes vendrá a vender su información.」

Aunque Artizea podría tener una idea general del panorama, lo más importante era poder obtener mucha información.

Además, la calidad de la información no dependía del tamaño del mensaje que contenía, sino de que procediera de una fuente fiable. 

Sabiendo que Artizea había preparado bolsas de regalo por esta razón, Alice habló ansiosamente. 

"Es casi la mitad del presupuesto que usted puede gastar este año."

"Está bien."

De todos modos, si se casa con Cedric, la riqueza del Marquesado Rosan estaría en sus manos. En ese momento, ya no tendría que preocuparse por el dinero.

Alice no solía ser insistente, así que no volvió a preguntar. Inclinó la cabeza cortésmente en señal de comprensión, y se apresuró a la habitación de Artizea.

Después de que Alice se fuera, Artizea se dirigió al tocador de Miraila.

Iba a saludar al emperador. 

A Miraila no le gustaba que apareciera ante el Emperador.

Pero ahora  no tenía motivos para tener consideración con Miraila.  No podía perder la oportunidad de dejar una fuerte impresión en el Emperador.

Los caballeros de la Guardia Imperial y los sirvientes se inclinaron ante ella en silencio.

Artizea también se inclinó y le dijo al sirviente que estaba en la puerta.

"Por favor, hazles saber que la hija de Miraila, Artizea, quiere saludarlos."

Sacó una pequeña bolsa de seda de su bolsillo y se la dio al sirviente.

Era igual a las bolsas que había ordenado a Alice repartir. Artizea siempre llevaba algunas bolsas encima por cualquier cosa.

El sirviente, que ya había recibido varias de estas bolsas en el pasado, asintió con una amable sonrisa. Luego abrió la puerta y entró.

Desde afuera, se podía escuchar el sonido de un piano mezclado con la risa de Miraila. 

La alegre conversación pareció detenerse por un momento, y luego la puerta se abrió de par en par. 

"Entre, Señora Artizea."

"Gracias. Por cierto, si viene algún visitante mientras estoy dentro, ¿Podrías avisarme primero? Me gustaría ocuparme de ello para que no interfiera con el tiempo que pasan juntos Su Majestad y mi madre."

"Por supuesto."

Artizea entró con pasos cautelosos.

El emperador estaba sentado cómodamente en el sofá.

Miraila estaba vestida solo con una enagua. Las criadas estaban a un lado, arreglando la ropa que ella se iba a poner a un lado.

El Emperador Gregor era un hombre egoísta y frío.

Estaba más interesado en asegurar su propio poder que en gobernar el país. Era suspicaz, vil y codicioso.

Sin embargo, su amor por Miraila era lo único genuino.

Se involucró con innumerables mujeres, pero Miraila fue la única que mantuvo a su lado durante 25 años.

A pesar de que Miraila había dado a luz a la hija de otro hombre, solo estuvieron separados por un año como mucho.

Era amable con Artizea porque era la hija de Miraila. 

Pero ella nunca supo lo que era el verdadero amor. Hubo un tiempo en el que sentía curiosidad sobre el amor. Pero ahora no le importaba.

Lo importante era que él amaba a Miraila y nunca la dejaría.

Artizea se arrodilló sobre una rodilla y se inclinó ante el emperador. 

”Que el sol del imperio descienda sobre todo el país. Artizea, la hija de Miraila, saluda a Su Majestad el Emperador. Larga vida al Emperador."

"Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi. Has crecido en un abrir y cerrar de ojos."

Dijo el Emperador.

Sonrió como una serpiente y miró a Artizea de arriba abajo. Era una mirada crítica. 

"Si te parecieras a tu madre, serías mucho más hermosa."

"Sé que soy hermosa."

Dijo Miraila. Luego, se acercó con pasos suaves y se sentó en el muslo del Emperador, refunfuñando.

"¿Qué puedo hacer? Incluso su cara es fea, pero es mi hija, así que tengo que vivir con ella."

"¿Por qué? Aunque Tia no se parece a ti, tiene los rasgos de una mujer hermosa. Con un poco más de carne y un cuerpo más maduro, se verá bonita en poco tiempo.”

"Ya ha crecido y sigue igual. Si dices esas cosas, realmente podría creérselo, cariño."

Hablando cariñosamente, Miraila acarició su mejilla. El Emperador sonrió.

"No lo dije en broma. ¿También te pareció una broma, Tia?”

Artezia bajó la mirada educadamente.

Cuando era una niña, Miraila la odiaba y la golpeaba porque no se parecía a ella.

「Si al menos te parecieras un poco a mí, ¿no te habría tratado Su Majestad el Emperador como a su propia hija?」

Artizea creía verdaderamente en sus palabras y lloraba. Incluso algunas noches, soñaba que había nacido como la hija del Emperador, y que recibía el amor de sus padres, al igual que Lawrence.

Pero ahora que lo pensaba de nuevo, fue una tontería.

Si se hubiera parecido a Miraila, sin duda habría sido arrastrada al dormitorio del emperador tan pronto como cumpliera los dieciséis años.

Había sido bastante afortunada de tener un rostro que no se parecía al de su hermosa madre.

"Me alegra escucharlo. Su Majestad ama a mi madre y piensa que soy bonita. ¿Qué podría hacerme sentir más honrada?"

"¿Cuántos años tienes?" 

"Recientemente cumplí 18 años." 

"Realmente has crecido. Necesito encontrar un esposo adecuado para ti."

"No, ella es sola una niña de 18 años ¿qué clase de matrimonio sería ese?"

Miraila dijo bruscamente. El emperador se rió, agarró la muñeca de Miraila y besó su mano cariñosamente.

"Sé que quieres que tu hija esté a tu lado para siempre, pero debería estar comprometida antes de cumplir los 20 años."

"Mm, pero todavía..."

"Le conseguiré un esposo adecuado. No se quedará para siempre viviendo con su hermano ¿verdad?"

El Emperador sonrió. 

Con esposo adecuado, no se refería a un buen matrimonio para Artizea, sino a un matrimonio político que solo sería de ayuda para Lawrence.

Pero Miraila no lo entendió y gruñó con desaprobación. Aunque estaba molesta, todavía le parecía linda al Emperador.

Artizea se inclinó educadamente.

Miraila se levantó enojada, para colocarse el vestido.

No se había puesto el vestido que había decidido previamente, para mostrar su figura al Emperador.

Un hermoso vestido de satén verde, con escote en su espalda y pecho.

En ese momento, el sirviente entró y dijo cortésmente.

"Un visitante ha venido a verla, Señora Artizea."

Artizea dijo apresuradamente.

"Lo siento. Debo retirarme."

El Emperador le hizo un gesto, dándole permiso para que se retirara y Miraila la miró de reojo.

Artizea se dio la vuelta y salió del tocador. El sirviente la siguió y le dijo en voz baja.

"La Condesa Eunice está ahora en el vestíbulo haciendo un alboroto. Quiere ver a Su Majestad el Emperador."

"Está bien, me ocuparé de ello."

"¿Sabías que la Condesa Eunice iba a venir?"

"Sí, lo supuse."

Artizea no había recopilado esta información de antemano, solo la recordaba.

Sin embargo, el sirviente no lo sabía, así que dijo con admiración.

"Eres increíble. Muchas Gracias."

"¿Por qué lo dices?"

"Su Majestad está de muy buen humor por primera vez en mucho tiempo. Si la condesa lo hubiera molestado, estoy seguro que todos habríamos sido perjudicados."

"Es natural para mí dar la bienvenida a los visitantes. Además, aún no se sabe. Si no consigo apaciguar a la condesa, seguramente hará un gran escándalo."

Dicho esto, Artizea se dirigió al vestíbulo.

El sonido de los gritos de la Condesa Eunice llegaba hasta el segundo piso.

"¿Quieres decir que Su Majestad ni siquiera me verá a mí, que soy su propia hija, por culpa de esa sucia perra?"

El mayordomo estaba nervioso y encorvado.

Artizea bajó las escaleras a paso de caracol.

"Hola, Condesa Eunice. ¿Qué la trae por aquí?..."

*Bofetada*

De repente, la Condesa de Eunice levantó su mano y le dio una fuerte bofetada a Artizea en la mejilla.