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jueves, 20 de agosto de 2020

Dama A Reina - Capítulo 108

 Capítulo 108. Epilogo: Este Momento Contigo 




"Para ser honesta, nunca pensé que todo terminaría de esta forma," -dijo Petronilla-.


"¿A qué te refieres?" -preguntó Patrizia-.


"Pensé que nunca me casaría. Especialmente, después de que 'eso' pasara en mi anterior vida."


“…”


"Pero ese hombre fue quién me cambió, a mi yo que estaba asustada de ese pasado. Estoy muy feliz de poder casarme con él, Rizi."


"Gracias a los dioses. Si tú eres feliz, entonces yo también soy feliz," -dijo Patrizia-.


Petronilla sonrió ante las palabras de su hermana menor. "¿Qué hay de ti, Rizi? Las sirvientas han estado como locas acerca de la repentina buena vida amorosa de tu matrimonio con su Majestad."


“…”


Patrizia se sonrojó. "Todo es culpa de su Majestad," -respondió Patrizia agriamente-.


“…”


'Se están llevando bien,' -pensó Petronilla-. Los ojos de Patrizia definitivamente tenían un brillo mucho más fuerte que antes. Eran los ojos de una mujer que era querida y amada. Petronilla estaba contenta de que ella no fuera la única feliz. Si ella fuera la única feliz, entonces eso no sería verdadera felicidad.


Petronilla rio suavemente. "¿Supongo que será difícil para ti asistir a la boda?" -dijo Petronilla-.


"... Probablemente," -dijo Patrizia con una expresión que Petronilla no pudo descifrar-.


"¿Debería esperar un regalo monetario de parte de la Familia Imperial?" -dijo Petronilla-.


"Estamos cortos de fondos. Así que, no esperes mucho," -dijo Patrizia-, provocando a su hermana antes de comenzar a reír. Fue en ese momento que Mirya tocó la puerta.


"¿Qué pasa, Mirya?" -preguntó Patrizia-.


"Su Majestad le ha enviado hoy galletas con chispas de chocolate," -respondió Mirya-.


Petronilla se volvió hacía Patrizia con un jadeo. "Dioses, ¿te sigue mandando postres?"


Si él no hubiera nacido en la Familia Imperial, probablemente hubiera sido un pastelero," -dijo Patrizia riendo-, antes aceptar un hermoso plato lleno con galletas con chispas de chocolate. Petronilla tomó una de las galletas y la mordió con cuidado.


"¡Está deliciosa!" -exclamó-.


"Está mejorando muy rápido," -dijo Patrizia con orgullo-.


"Dioses. Pensar que él está haciendo esto todos los días, incluso aunque podría pedirles a los chefs que lo hiciera por él."


"Dijo que, si hacía eso, entonces no tendría el mismo valor." Luego, Patrizia añadió lo siguiente con una sonrisa: "Bueno, cómo pueden ver, me está yendo bastante bien."


“…”


"Así que, no tienes que preocuparte."


"Está bien, mi pequeña hermana. Mi reina," -respondió Petronilla con una pequeña sonrisa-. "No me preocuparé. Me doy cuenta de que eres feliz. Está escrito por toda tu cara."


"Sí, Nil," -dijo Patrizia con una expresión soñadora-, "Soy feliz ahora."


"Tienes que seguir siendo feliz de ahora en adelante, ¿de acuerdo?"


"Por supuesto," -prometió Patrizia-.


Al escuchar esas palabras, Patrizia rio suavemente. Era obvio que ahora, ella era feliz.


*


La boda de Petronilla tuvo lugar una hermosa tarde soleada. Petronilla estaba esperando nerviosa en la habitación de la novia.


'Ngh... Estoy muy nerviosa.'


Petronilla se había mantenido tranquila y serena hasta la noche anterior, pero cuándo llegó el día de la boda, sus nervios aumentaron dramáticamente. Tuvo que controlar su respiración lenta y controladamente para poder calmarse. Justo en ese momento, alguien entró en la habitación. Era la marquesa Grochester. Petronilla recibió a su madre con inmensa felicidad.


"Madre."


"Mi querida hija, estás increíblemente hermosa hoy."


Esas palabras estaban cargadas de pura sinceridad. Petronilla estaba verdaderamente hermosa. Su vestido blanco puro la hacía lucir como un ángel.


"¿Es normal estar tan nerviosa el día de tu boda?" -le preguntó Petronilla a su madre con voz temblorosa-.


"Por supuesto. Este día influirá en el resto de tu vida. Incluso si no fuera el día de tu boda, cualquiera estaría nervioso ante un acontecimiento tan grande como este. Mi niña, no huyas de esa ansiedad. Acéptala. No hará ningún bien el tomar un matrimonio sagrado a la ligera.


"Eso es verdad, pero..."


Prácticamente estoy temblando. Después de respirar profundamente, Petronilla logró calmar sus nervios. Sería genial si Rizi estuviera aquí. Cómo si pudiera escuchar los pensamientos de Petronilla, la marquesa Grochester dijo en voz baja:


"Rizi siempre estará a tu lado, Nilla."


"¿Cómo? ¿A qué te refieres con...?"


"Esos dos vendrán hoy a la boda. Obviamente, deberán hacerlo discretamente. Es algo posible en una boda al aire libre. Por ende, mi niña..." La marquesa Grochester sonrió con ternura antes de besar suavemente a Petronilla en la frente. "No estés tan seria. Piensa en que tu hermana pequeña te estará viendo. Quizás eso te ayude."


"Está bien, lo intentaré."


Una sirvienta entró en la habitación. "Señorita Petronilla, ya es hora," -anunció la chica-.


Yendo en contra de todo lo que le había prometido a su madre, Petronilla miró hacía la marquesa Grochester con perplejidad, quién simplemente asintió con tranquilidad. Petronilla reunió todo su coraje, sonrió y luego se levantó de su asiento. No había nada por lo que estar ansiosa o asustada. A diferencia de antes, la persona con la que se casaría hoy era alguien que verdaderamente la quería y amaba.


"Qué la novia se ponga en posición."


El ministro que estaba oficiando la boda era el duque Witherford. Ante las palabras del duque, Petronilla escondió su ansiedad lo mejor que pudo antes de comenzar a caminar. Petronilla podía sentir que los ojos de todas las personas en el santuario se fijaban completamente en ella.


Petronilla aceptó todas esas miradas y luego miró al hombre que sería su esposo. Lucía completamente deslumbrado mientras la miraba. 'Mi adorable esposo,' -pensó Petronilla con una sonrisa-. Ver eso solo hizo que la sonrisa en la cara de Rothesay creciera.


Los discursos de boda comenzaron. El del duque Witherford fue bastante extenso. A Petronilla le cansaban este tipo de tediosas formalidades, pero no es como si ella pudiera decirle: 'Estás alargando demasiado esto. Mejor hazlo corto y dulce, por favor,' a una persona con el título de duque. Cómo si pudiera escuchar lo que Petronilla estaba pensando, Rothesay sonrió ligeramente mientras agarraba las manos de Petronilla. Sintiéndose mejor por su toque, Petronilla ignoró la incomodidad que sentía en sus piernas por haber estado tanto tiempo de pie y luego arregló su postura.


"...entonces, novio, ¿tomas a esta mujer cómo tu legitima esposa y juras estar para ella en las buenas y en las malas, y amarla hasta que tu cabello se vuelva gris?"


Al escuchar esta pregunta, Rothesay respondió sin dudar, cómo si se hubiera preparado desde hace mucho tiempo para esto.


"Hasta que mi cabello se torne gris y mi cuerpo se deshaga, juro por mi nombre que la amaré a ella y solo a ella por el resto de mi vida."


"Novia, ¿tomas a este hombre como tu legitimo esposo y juras estar con él en las buenas y en las malas, y amarlo hasta que tu cabello se vuelva gris?"


"Juro mantenerme fiel y leal a mi esposo y amarlo a él y solo a él por el resto de mi vida."


"Entonces, ahora los declaro marido y mujer. Qué todos los presentes los bendigan con paz y prosperidad hasta el final de sus vidas."


Después de esas palabras, una ronda de aplausos hizo eco en la habitación. Rothesay y Petronilla caminaron por el pasillo felizmente escuchando los aplausos de la multitud. Desde la distancia, una mujer vistiendo una túnica los miraba en silencio sonriendo. La escena que había estado esperando ver por tanto tiempo estaba pasando justo frente a sus ojos.


"¿Estás feliz?" -le preguntó un hombre, el cual vestía una túnica idéntica y estaba parado a su lado-.


La mujer asintió sin dejar de sonreír antes de responder. "Nunca he estado más feliz."


"Entonces, fue una buena idea venir."


"Gracias."


"Por otro lado, hay otra cosa que me gustaría escuchar de ti."


Ante esas palabras, una sonrisa juguetona se formó en los labios de Patrizia mientras miraba a Lucio. Él también estaba sonriendo. Ciertamente él era un hombre que se veía mejor sonriendo que llorando. Con una hermosa sonrisa, Patrizia le susurró con cuidado al oído.


"Te amo, su Majestad."


"Yo te amo más, Rizi."


La pareja que había intercambiado esas dulces confesiones de amor se unió en un beso aún más dulce. Todo era dulce, desde los rayos del sol hasta la fría brisa de la tarde. Pero nada era más dulce que los dos amantes parados en medio de todo aquello.


Por primera vez, era el principio de un final feliz para todos.


***


Aquí Tiger, cómo vieron en el título, este es el epilogo/episodio final de Dama A Reina. Lo que sigue es una historia alternativa y quiero preguntarles si quieren que suba los demás capítulos. Estos ocurren en una línea temporal diferente y siguen la historia de la Rosemond de la línea temporal en la cual la familia Grochester fue decapitada. Si desean que suba dichos capítulos, por favor, díganmelo en los comentarios.