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viernes, 26 de junio de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 32

Capítulo 32. Soborno (1)


Afortunadamente, el incidente de anoche pasó en gran parte desapercibido. Leah se despertó esa mañana, sintiéndose bastante renovada después de la emocionante experiencia de salir una vez más.

Los preparativos para la conferencia de hoy habían comenzado desde temprano. Los sirvientes corrían de un lado a otro para asegurarse de que todo saliera bien. Leah solo tenía un trozo de galleta para el desayuno, glaseado con miel y un pan bañado en vino.

Para otros puede ser una comida miserable, pero para Leah era más que suficiente. Incluso a propósito comió más de lo que haría normalmente para evitar accidentes como desmayos por falta de energía debido a la marcha que se realizaría hoy.

Una vez que terminó de ponerse la ropa interior, las sirvientas se dispusieron a preparar el resto de su atuendo para la ceremonia. Obedientemente la ayudaban en cualquier cosa que necesitara.

Mientras preparaban su vestido, Leah se sentó tranquilamente en su tocador, con documentos esparcidos frente a ella mientras leía lo que se había perdido el día anterior. En ese momento, una de las sirvientas le entregó su pluma y colocó el frasco de tinta en un lugar limpio sobre la mesa.

Otra se acercó, sosteniendo un pincel y polvo.

"Mi Señora, su cara por favor." Le pidió, pero Leah solo continuó leyendo, haciendo lo contrario de la petición. Cuidadosamente, para no derramar la tinta por todas partes, sumergió su pluma en la tinta mientras escribía meticulosamente, y hojeaba aún más documentos.

A pesar de que apenas durmió, no se sentía exhausta. De hecho, se sentía como si fuera más aguda ahora, más atenta a los detalles. Aunque, los eventos de ayer seguían pasando por sus pensamientos.

Era indiscutible que Byun Gyongbaek hizo un excelente trabajo al mantener a raya a los Kurkan en el oeste, pero muchas cosas habían cambiado desde entonces. Debido a la guerra por el trono, las fuerzas de los Kurkan se redujeron a la mitad. La mayor parte de la larga guerra se debió a una lucha interna, por lo que cuando llegó Ishakan y mató al rey antes de tomar el trono, todo terminó bastante rápido.

Cuando Ishakan subió al trono, inmediatamente convocó a las innumerables tribus de los Kurkan y estas le juraron su lealtad. Y así nació el verdadero Maestro del Desierto.

Leah bajó la mirada, profundamente absorta en sus pensamientos.

Si yo fuera el nuevo Rey de los Kurkan, ¿Qué haría en esta situación? ¿Armonizar a las tribus dispersas al mismo tiempo sería la forma más simple y fácil de unir a la nación?

Pero sin importar la pregunta, ella solo podía encontrar una respuesta. Debe haber un enemigo.

'Lo más probable es que los Kurkan solo estén fingiendo interés en firmar el tratado de paz, con un motivo oculto para crear una guerra. Esta visita actual podría ser solo una artimaña, una forma de delimitar la competencia.

Y Byun Gyongbaek tampoco quiere la paz con los Kurkan.

Parecía que entre todos los reinos involucrados, Estia era el único que realmente quería que el tratado de paz no se concretara'. Leah inclinó la cabeza, se giró ligeramente y gritó en un voz baja al recordar los eventos de anoche.

"Condesa." dijo ella, y Melissa, que había estado cepillando su cabello suavemente, se detuvo. Levantó la vista y miró al espejo, encontrándose con la mirada de Leah. "Por favor, comunícate con el Conde Valtein, dile que deseo reunirme con él más tarde en la conferencia," ordenó y Melissa asintió.

"¿Debería decirle que se reúna con usted fuera de la conferencia?" Leah asintió ligeramente y Melissa hizo una pequeña reverencia. "Entonces le diré a la Baronesa Cinael que transmita el mensaje."

"Gracias." Dijo Leah.

La Condesa Melissa terminó algunos retoques antes de comenzar a hablar con la baronesa para que hiciera el recado, pero no sin antes recordarle a las sirvientas que terminaran de arreglarla. Luego, Leah tomó un broche, con piedras de diamante y amatista.

Vio a la Condesa Melissa acercarse a la Baronesa Cinael por el espejo. La baronesa, se notaba profundamente molesta. Ella observó mientras conversaban, antes de finalmente prestarle atención a los documentos que tenía ante ella una vez más.

Cerdina pronto vendría por ella, pero antes de eso, deseaba permanecer en sus pensamientos mientras supervisaba los preparativos de la conferencia. Necesitaba algo que pudiera hacer que los Kurkan firmaran el tratado voluntariamente.

Algo, que ni siquiera el Rey de los Kurkan, pudiera rechazar.

Su agarre sobre la pluma se intensificó mientras pensaba y garabateaba otra firma.

"¿Princesa?" Leah levantó la vista y arqueó una ceja.

"¿Qué pasa?" Preguntó, y la sirvienta se sonrojó antes de bajar la mirada.

"Nada, mi Señora." Leah mantuvo su mirada en la sirvienta, antes de volver a los documentos después de discernir que nada estaba mal. Pero cuando se movió para escribir, sus manos se congelaron, cuando los ojos dorados de Ishakan pasaron por su mente como si él la estuviera mirando.

***

Ishakan soltó una bocanada de humo mientras fumaba un cigarrillo, con la mirada perdida en el exterior. Había un fresco, pero débil aroma dulce que flotaba por la habitación. Mientras seguía fumando, vio como unas briznas de humo se aferraban a su torso, antes de disiparse.

Todavía estaba vestido, y vio como las telas de colores que decoraban su piel, eran quitadas una a una. Luego de eso, siguieron las joyas.

Cuando sus sirvientes terminaron de elegir la mejor ropa de su armario, comenzaron a vestirlo una vez más.

Su torso estaba expuesto y los sirvientes que lo vestían tenían ojos errantes, maravillados por su piel lisa y sin manchas, libre de cualquier tatuaje.

Sin embargo, no sintió ninguna de esas miradas hambrientas, su mente estaba repleta de pensamientos sobre la pequeña mujer de cabello plateado...