Reciente

sábado, 30 de mayo de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 22

Capítulo 22. El Príncipe Heredero De Estia (1)


Su cara se puso roja, pero respondió con un tono audaz. No estaba acostumbrada a este tipo de conversaciones, por lo que se dio suaves palmadas en sus mejillas sonrojadas para enfriarlas. Ishakan procedió a sentarse en el borde de la fuente.

"En público, te trataré como a una princesa. Pero cuando estemos solos, ¿Podemos actuar cómodamente?"

"¿Cómodamente?"

"La actitud descarada te queda mejor que actuar como una princesa real," levantó una ceja, "Al igual que esa noche."

Las palabras que añadió tenían un significado especial, pero ella decidió ignorarlas.

"Si eliges tratarme como una princesa, asegúrate de mantenerte dentro de tus límites. Como cuando me pusiste las manos encima hoy..."

Antes de que pudiera terminar de hablar, Ishakan de repente la agarró de la muñeca. Astutamente, respondió mientras miraba a Leah a los ojos.

"Pero ahora estamos solos, así que no tengo que tratarte como a una princesa."

'¿Son todas las bestias así?'

Cansada de sus acciones insolentes, Leah lo miró con desdén, sin pronunciar una sola palabra. Pero la atención de Ishakan estaba en otra cosa. Murmuró con el ceño fruncido.

"Maldita sea... Estás más delgada que antes. ¿Estás comiendo bien?"

Su delgada muñeca era notablemente diferente de su mano grande. Como parte de los preparativos para el banquete de bienvenida a los Kurkan, había recibido una dieta aún más estricta, haciéndola más delgada que antes.

En lugar de explicárselo, Leah apartó su mano. Al notar su mano ahora vacía, Ishakan rápidamente la sumergió en la fuente.

'Qué extraño...' De repente, comenzó a lavarse las manos. ¿Encontró sus manos sucias?

No podía creerlo. Era tan difícil de descifrar. ¿Por qué haría algo así en medio de su conversación? Leah se mordió el labio y a regañadientes sacó el tema que le atormentaba.

"Las cosas que pasaron esa noche... ¿Puedes guardártelas para ti?"

La idea de que otros conocieran su plan la asustaba. No podía imaginar lo mal que se pondrían las cosas si Ishakan le contaba su secreto a los demás.

Los ojos de Ishakan se entrecerraron al notar la desesperación de Leah. Inclinó la cabeza hacia un lado y se echó a reír.

"No lo sé."

Al escuchar su respuesta ambigua, Leah sintió que se le encogía el estómago. No pudo soportarlo más y gritó.

"¡¿Qué quieres de mi?! Qué..." Exclamó, pero fue interrumpida antes de que pudiera terminar.

Él metió algo dentro de su boca, haciendo que sus ojos se abrieran de par en par. No sabía qué era, pero aún así lo masticó. Mientras masticaba la tierna y pegajosa pulpa, un sabor dulce invadió su boca. Su cuerpo se sintió extasiado mientras el dulce sabor satisfacía la privación que había sentido al no comer.

"Tienes que escupir la semilla."

Sus dedos largos y delgados le abrieron la boca, e Ishakan tomó la semilla que estaba sobre su lengua mientras le sonreía.

"Era un dátil. ¿Te gustó?"

"¡...!"

Su rostro se enrojeció cuando finalmente se dio cuenta de lo que acababa de hacer. Estaba absorta por el dulce sabor de la fruta que no pudo entender sus acciones.

No pudo decir nada. Confundida, miró a Ishakan con las mejillas aún rojas. Casualmente le metió otro dátil entre sus labios, que su boca aceptó voluntariamente.

"Solo quiero una cosa."

Mientras saboreaba el sabor fuerte y dulce en su lengua una vez más, Ishakan susurró con una mirada triste.

"Quiero que aceptes todo lo que te dé."

*

El significado subyacente de su susurro estaba implícito. Su corazón dio un salto rápido. Como poseída por algo,  Leah saboreó deliciosamente el dátil en su boca.

Los dátiles no eran un alimento básico en Estia. Lo había probado solo una vez cuando un esclavo Kurkan se lo dio cuando aún era una niña.

Eso fue hace mucho tiempo. Tanto tiempo que Leah ya no podía recordar el sabor del dátil, ni la cara del niño que tan amablemente le compartió su comida.

Saboreándolo, se sintió eufórica por su dulzura desconocida. Chupando cada dátil hasta dejarlo seco, pronto Leah, sin querer, se chupó los labios. Emitiendo así sonidos de sorbido.

Un toque de arrepentimiento persistió en la punta de su lengua.

A diferencia de ella, Ishakan no lo encontró vergonzoso. Más bien, él estaba profundamente interesado en lograr que consumiera algún alimento para su frágil cuerpo.

Los ojos penetrantes del rey observaron a Leah mientras se deleitaba con los dátiles que él traía consigo. Antes de que pudiera meterle otra fruta en la boca, ella bajó la cabeza y escupió las semillas en sus palmas.

Ahora que había terminado de comer todo, parecía no tener idea de lo que debía hacer con esto.

Por un momento, dudó y extendió las manos. Ishakan agarró las semillas cubiertas con su saliva e instantáneamente las arrojó a los arbustos.

Leah no comprendió tal acción de inmediato, por lo tanto, Ishakan fue rápido en proporcionar una explicación, "Es una semilla, así que será devuelta a la tierra."

Ella no encontró ningún fallo en sus palabras y asintió. Sin duda, al jardinero no le importarían unas pequeñas semillas esparcidas aquí en su área de trabajo. Probablemente no lo notará.

Leah se limpió los labios. Entonces, sin decir una palabra, se acercó a la fuente y se lavó las manos. Mientras se quitaba el residuo pegajoso que quedaba en sus manos, a hurtadillas echó un vistazo a Ishakan.

Encontró que todo en él era peculiar. ¿Quizá porque era de un país extranjero? Todo lo que hacía la dejaba perpleja. Sobre todo, arruinó por completo su rutina sistemática de hoy.

'¡Ay!' Se dio cuenta demasiado tarde. Cerdina inspeccionaría todos los preparativos para la próxima conferencia. Y por preparativos, ¡Se incluía a sí misma! 'Dios mío, terminé todos los dátiles aún sabiendo que tendría que llevar un vestido ajustado a la cintura mañana delante de Cerdina'.

La preocupación estaba impresa en su rostro, ya que temía que su barriga se viera abultada.

A pesar de la lluvia de arrepentimientos, no pudo resistir comer los dátiles dulces, que se derritieron en su boca.

'¿Cuándo fue la última vez que comí bien?' Ni siquiera podía recordarlo... '¡Ah, ya lo recuerdo!'

Rápidamente, las secuelas de su noche acalorada ocuparon sus pensamientos, cuando Ishakan le dio una generosa cantidad de pan y estofado. Ella frunció el ceño al recordarlo.

Moviéndose detrás de ella, Ishakan la hizo recobrar el sentido cuando le tomó la mano, a lo que Leah se sobresaltó. Quedó aún más desconcertada cuando Ishakan puso algo en su mano. Luego cerró suavemente su mano con la suya, haciéndola apretarlo.

Cuando miró hacia abajo, vio una caja de dátiles. Leah parpadeó mientras miraba los dátiles arreglados uniformemente, dentro de una caja elegante.

Mirando el aspecto de Ishakan, parecía como si él devorara carne, con sangre goteando de la misma. Pero verlo llevar esta caja de dátiles era un poco sorprendente, parecía incluso fuera de lugar.

"Los Kurkan creen que la comida dulce puede expulsar los malos espíritus. También me gustan los dulces. Lleva mi regalo contigo."

Tan pronto como escuchó esto, cerró rígidamente la tapa de la caja.

Ella empujó la caja hacia él. Fue un firme rechazo. En lugar de aceptar la caja, Ishakan replicó.

"No le puse veneno."

"No es por eso. No puedo aceptarlo, así que llévatelo."

"¿Por qué?"

"Porque estoy a dieta."

Los ojos de Ishakan brillaron con interés, la idea de que ella se muriera de hambre intencionalmente lo irritó, "Dieta, ¿Para qué?"

"La razón no te involucra en lo más mínimo."

Ella no quería su lástima en absoluto. En lugar de dejar que la conversación tomara un camino no deseado, Leah desvió del tema. "¿Por qué has venido aquí?" Mirándolo directamente a los ojos, preguntó intrépidamente, "¿Estás seguro que no quieres nada de mí?"

"Por supuesto que sí." Sacudió la cabeza en dirección a la caja.

"Cómetelos todos. Es una orden de alguien que conoce tu debilidad." Tocó la esquina de la caja. La madera aceitada era lisa sin ningún rasguño. "¿Debo alimentarte más?"

Su cara se puso rígida cuando él comenzó a reírse. Ya no podía seguir negándose. Ante sus palabras amenazantes, se vio obligada a aceptar la caja de dulces, y pronunció con voz fría.

"Te pido que olvides lo que pasó esa noche. Si realmente me consideras la princesa de este reino, por favor no te comportes indecentemente."

"¿Comportarme indecentemente?"

"Me refiero a tocar sin permiso."

"Se específica. Soy una bestia sin educación, así que no tengo ni idea de lo que estás insinuando."

"Como agarrarme repentinamente del brazo... o meter tus dedos en mi boca."

Una sonrisa astuta apareció mientras los ojos de Ishakan se encogieron. Incapaz de detenerse, se echó a reír a carcajadas. Así como las gotas de agua de la boca de la fuente salpicaban y perturbaban la calma del agua debajo, iluminada por el sol radiante, su risa también causó caos en ella.

"Te gusta que te lo meta, ¿Verdad?"

Leah cerró los ojos con fuerza, entendiendo de inmediato su grosera declaración. Era muy diferente de las personas que había conocido antes. Sin embargo, no podía negar que siempre se había sentido atraída por personas con un pasado desconocido.

Ella levantó bruscamente la mirada, queriendo golpearlo y reprenderlo por su comportamiento lujurioso. Sin embargo, sus pelos se pusieron de punta cuando sintió la presencia de alguien más...

El sonido de los zapatos chocando contra las piedras mal pavimentadas del jardín hizo que su corazón se acelerara.

"¡......!"

Casi dejó caer la caja cuando su rostro se horrorizó. Un hombre con el mismo cabello plateado que ella los miraba con la cara en blanco.

Era el hermanastro de Leah, Blain.