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domingo, 26 de abril de 2020

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 166

Capítulo 166. El Shock De Sovieshu (1)



¿Qué iba a decirme? ¿Me diría palabras de enojo, o me desearía lo mejor? Ciertamente no diría que estaba feliz de que me volviera a casar. Las chispas parecían volar de sus ojos, así que no podía ser bueno.

"Emperatriz. No, Navier. ¿Qué te pasa?"

Sorprendentemente, su voz era relativamente tranquila. Si bien el fuego en sus ojos era innegable, su tono era tan firme que no parecía enojado en absoluto.

"Esta propuesta de matrimonio, explícamela."

Me relajé frente a él, y luego respondí con un asentimiento.

"Sé la respuesta que quieres."

Quería saber por qué me casé justo después de nuestro divorcio, y por qué fue con Heinley. Sin embargo...

"Lo sé, pero no voy a responder."

Mantuve mi voz lo más nivelada posible.

"No es asunto de mi exesposo."

Sovieshu casi se tambalea ante mi respuesta.

"¿Exesposo?"

Me miró con una mirada incrédula.

"¿Exesposo?"

Abrió la boca y una aguda carcajada se escapó de sus labios.

"Sí, exesposo. Soy tu exesposo..."

La compostura de Sovieshu se rompió. Una vena azul palpitaba en su frente y sonrió desafiantemente. Dio un paso más cerca de mí, su voz era peligrosamente baja mientras hablaba.

"Sigo siendo tu emperador. Y no permitiré que mi exesposa se case."

Entonces llegó a esto. Sospeché que esto sucedería, así que hice bien en lograr que el Sumo Sacerdote aprobara el nuevo matrimonio frente a él...

El Sumo Sacerdote se metió de nuevo en la conversación y chasqueó la lengua con desaprobación.

"Emperador Sovieshu. Esto cae bajo mi autoridad."

Alguien cercano se rió. Fue bastante ruidoso, la cara de Sovieshu se endureció y sus orejas se pusieron aún más rojas. ¿No parecía esta situación una obra ridícula ahora?

La mirada de Sovieshu se interpuso entre Heinley y yo, luego giró sobre sus talones y salió furioso por una puerta lateral. Quería agradecerle al Sumo Sacerdote, pero también se dio la vuelta para seguir a Sovieshu por la salida.

Al irse tanto el Emperador como el Sumo Sacerdote, la sala estalló repentinamente en una cacofonía de ruido, como un montón de instrumentos siendo tocados a la vez. Mis padres, las damas de compañía y el Marqués Farang corrieron hacia mí y me bombardearon con preguntas.

"Navier, ¿qué está pasando?"

"Navier, te volviste a casar repentinamente—"

"¿Qué pasó, Navier—?"

Notaron a Heinley, pero no era solo un príncipe extranjero, sino un rey ahora, así que apuntaron a mí en su lugar.

"Lamento no habérselos dicho antes."

Me disculpé con ellos avergonzada. El plan tenía que mantenerse en secreto para eliminar cualquier posibilidad de que saliera mal. Estas personas que estaban preocupadas por mí debían estar molestas... pero afortunadamente, las damas de compañía no me culparon. Más bien, me abrazaron y lloraron alegremente.

"No, esto es maravilloso."

"No sabe lo gratificante que es esto."

"¡Casi me rompo los dientes rechinándolos cuando se aprobó el divorcio!"

Laura apretó los puños e hizo un juramento.

"¡Acabo de tomar una decisión! ¡Iré al extranjero y seguiré a Navier!"

"Laura, eso es—"

"¡Necesitarás una dama de compañía después de convertirte en reina allí de todos modos!"

Laura, a diferencia de las otras mujeres, inicialmente se convirtió en mi dama de compañía para aprender la etiqueta de la corte. Sin embargo, dudaba en llevar a Laura a un país extranjero. En ese momento, la Condesa Jubel habló.

"Entonces Laura y yo te seguiremos, Navier."

"¿Condesa Jubel?"

Laura no esperaba que la Condesa Jubel se ofreciera como voluntaria, y levantó la vista sorprendida. La Condesa Jubel continuó hablando.

"A la Condesa Eliza le puede resultar difícil seguirte al extranjero, ya que está en buenos términos con su esposo. Sin embargo, mi esposo y yo hemos estado separados durante mucho tiempo. Le tomará un año darse cuenta de que no he vuelto a casa."

"..."

Miré a la Condesa Jubel, y ella se rió astutamente.

"Ni siquiera sabe si estuve en casa anoche."

Su comportamiento humorístico me hizo sonreír.

"Me gustaría que me acompañara, Condesa Jubel..."

Todavía estaba un poco indecisa. Heinley, que había estado observando en silencio desde un lado, intervino y asintió saludando a Laura y a la Condesa Jubel.

"En nombre de mi esposa, gracias. Serán tratadas mejor allí, así que por favor siéntanse libres de venir con ella."

Laura hizo un sonido de asfixia ante la palabra "esposa", y mis padres parpadearon aturdidos. Todavía parecían tener dificultades para aceptar esta nueva situación.

"Ah, suegra, suegro."

Cuando Heinley se dirigió a mis padres, parecieron aún más desconcertados, y se miraron el uno al otro con incertidumbre. Sintiendo su vacilación, Heinley inclinó la cabeza hacia ellos y dijo en voz baja, "Su hijo está en el Reino Occidental." Los ojos de mis padres se abrieron de par en par por la sorpresa, y mi padre estalló en lágrimas. Mi madre no lloró, pero parecía muy aliviada. Se habría sentido lo suficientemente feliz de que no me hayan abandonado como exemperatriz, pero estaba aún más agradecida de que su hijo exiliado estuviera bien.

Mientras observaba la escena, me paré un poco más recta. Mi corazón ya no se sentía vacío, ni enojado, ni afligido. A pesar de que sufrí la vergüenza del divorcio y la destitución, todos los que me rodeaban sonreían y se regocijaban por mi aprobación para volver a casarme. La felicidad creció dentro de mi pecho, apartando la tristeza y la ira que me habían perseguido durante mucho tiempo.

Estaba especialmente agradecida con Heinley.

Sin él... estaría aquí escuchando a las damas de compañía intentando consolarme. Mis padres se culparían por enviarme a ser la princesa heredera, y todos me mirarían con lástima.

Sin embargo, incluso si me encontraba en una ocasión propicia para llorar de alegría, tampoco quería derramar lágrimas delante de la gente. Respiré hondo y le sonreí a Heinley para calmar mis ojos.

***

Rashta siguió a Sovieshu, pensando en lo cruel que fue la Emperatriz.

'Ah. Pero ahora yo soy la emperatriz.'

Rashta sabía que Navier solo estaba junto a Sovieshu para convertirse en emperatriz, y que la mujer no amaba a su esposo. Eso era suficiente para considerar a Navier como esnob y hambrienta de poder. Pero, ¿que se casara con otro rey tan pronto como se divorciara? ¡Ella realmente codiciaba el poder! En el proceso, Navier nunca pensó en el ridículo que Sovieshu enfrentaría.

<< Nota: Esnob; persona que acepta e imita de manera exagerada comportamientos e ideas nuevos que considera distinguidos, elegantes o de moda. >>

'No. Él es un hombre fuerte.'

Rashta chasqueó la lengua con simpatía y siguió a Sovieshu mientras se dirigía directamente a sus aposentos. Cuando entró en su habitación, lo vio apoyado en una mesa con un brazo y respirando con dificultad. Sus ojos parecían sin vida, como si todavía estuviera completamente conmocionado por lo que sucedió antes.

"Su Majestad..."

La vista trajo lágrimas a los ojos de Rashta.

'Pobrecito.'

Presionó una mano contra su boca y se acercó a Sovieshu. Todavía respiraba con dificultad, y su ceño se frunció cuando miró a Rashta. Una rígida sonrisa se extendió en sus labios.

"Lo siento, Rashta. Quiero estar solo por ahora."

"Su Majestad..."

Ella reprimió un sollozo, luego cubrió su mano sobre la mesa con las suyas. Su voz tembló mientras hablaba.

"Su Majestad. La amiga por cartas del Príncipe Heinley... es en realidad la emperatriz depuesta."

Sovieshu dirigió sus ojos hacia Rashta. Él ya lo sabía. También sabía que Rashta fingió ser la amiga por cartas. Sin embargo, no pudo evitar preguntarse por qué sacaría a relucir este tema.

Rashta bajó sus grandes ojos, como un ángel triste.

"Desde entonces, la emperatriz depuesta ha estado teniendo una aventura con el Príncipe Heinley."

"¡!"


"Rashta quería proteger a la emperatriz... así que Rashta fingió ser la amiga por cartas."

Sovieshu la miró fijamente. Ella lo miró con ojos claros, secándose las lágrimas con el dorso de su mano.

"Pero si hubiese sabido que ella te apuñalaría por la espalda de esa manera... te lo habría dicho antes. Rashta tomó la decisión equivocada, Su Majestad."

Mientras Sovieshu la miraba llorar, su expresión se volvió extraña.