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viernes, 20 de marzo de 2020

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 7

Capítulo 7. El Regalo De La Emperatriz A La Concubina (2)


"No enviaré uno."

Las damas de compañía intercambiaron miradas de alivio entre ellas.

"Gracias a Dios."

"Estaba muy preocupada de que Su Majestad le quisiera enviar un regalo."

Había muchas razones para no enviar uno. Después de que el secretario de Sovieshu se fue, investigué cualquier precedente, por si acaso. Incluso si había un banquete, no había obligación de dar un regalo. Si había varias concubinas, uno podría abstenerse de hacer regalos para evitar que algunas construyeran demasiado poder o influencia con los parientes cercanos de la emperatriz.

Pero la situación con Rashta no era ninguna de las dos. En cualquier caso, no tenía ningún deseo de dar un regalo, y Sovieshu había enviado a su secretario para decirme que no me preocupara por ello. ¿Por qué yo no podía decir simplemente 'Por favor, cuida de mi esposo'?

"No se preocupen. No sé si hay una razón para enviar uno, pero no lo haré."

Una mirada de satisfacción apareció en los rostros de las damas.

"Laura habría estado feliz si estuviera aquí... Estaba pensando en salir del palacio hoy, así que se lo contaré a Laura, Su Majestad."

"¿Cómo está Laura?"

"Cuando la vi el otro día, habló enfadada de 'esa mujer'."

"La Marquesa Tarithal también está furiosa y cuenta la historia cada vez que tiene una fiesta de té."

Me pareció mejor que estuvieran de mi lado. Sovieshu y sus ayudantes cuidarían bien de Rashta de todos modos, y no creía que los cercanos a mí tuvieran que apoyarla.

"A propósito, Su Majestad... ¿puedo preguntarle algo?"

"¿Qué?"

"Se rumorea que el príncipe del Reino Occidental vendrá para el día de Año Nuevo. ¿Es cierto?"

Las otras damas de compañía dejaron de hablar y fijaron sus ojos en mí. Asentí y gritaron mientras se cubrían la cara o se abanicaban. Apreté los labios para no sonreír. Las damas de compañía tenían todas las razones para esperar su aparición. El Príncipe de Occidente era el único hermano menor del rey, famoso por muchas cosas.

"Es tan guapo, ¿verdad?"

"Dicen que el contacto visual es suficiente para ponerte bajo su hechizo."

"Pero he oído que es bastante terco. Me pregunto si incluso el actual rey del Reino Occidental ha renunciado a intentar casarlo."

"¿Son ciertos los rumores de que es una sandía sin semillas?"

"No lo sé. Pero es un poco sospechoso que el rey no haya tenido hijos, y tampoco el príncipe cuando ha estado con muchas mujeres también."

Asentí discretamente mientras escuchaba los susurros de las damas de compañía.

El Reino Occidental era un país de gran poder militar, prácticamente igual al de nuestro Imperio Oriental. En términos de riqueza, era el más rico del mundo. El príncipe, de quien se decía que era el primero en la línea de sucesión al trono de dicho lugar, tenía muchos rumores en torno a él.

Dejé a un lado mis pensamientos sobre Sovieshu y su concubina, dejándome llevar por la dulce conversación de las damas.

***

"¿No hay banquete?"

Cuando Rashta preguntó al Emperador Sovieshu qué tan grande sería el banquete y si podía invitar a sus amigos, no estaba preparada para este golpe.

"Pero el Barón dijo que íbamos a tener una gran fiesta..."

"¿No te dije que pronto sería el día de Año Nuevo? No quería apresurar esto, pero tú fuiste quien quiso celebrar la ceremonia de firma lo antes posible."

"?"

A pesar de su explicación, Rashta solo miraba con perplejidad. Sovieshu se dio cuenta de que estaba pensando demasiado en su nivel de sentido común. Parecía más lista de lo que aparentaba, pero había olvidado que ella no sabía nada de la nobleza.

"Es mi error."

"¿Qué quieres decir?"

"No es fácil organizar un gran banquete. Estoy ocupado preparando otras cosas. El tiempo apremia, y es grosero tener un gran banquete tras otro."

"¡Ah...! Pero, ¿hay otro banquete el mismo día de la ceremonia de firma de Rashta?"

"El día de Año Nuevo será pronto."

Rashta quedó abatida cuando sus sueños de ser felicitada por los nobles en un lujoso y gran banquete se convirtieron en polvo. Siempre había querido ver a la gente acudir a ella, por eso persuadió a Sovieshu para que celebrara la ceremonia lo antes posible. Estaba claro que el Emperador se molestaría por esto, así que Rashta no mostró ningún signo de infelicidad y permaneció en silencio.

Sin embargo, su decepción solo aumentó el día de la ceremonia. Incluso si no había un gran banquete, todavía esperaba uno de algún tipo. Y como eso no ocurrió, esperaba que el Emperador la colmara de disculpas y le prometiera regalos. No hubo ni una palabra de felicitación ni un regalo de la Emperatriz tampoco. Se sentía triste porque el Barón Lant le había dicho que los grandes salones del palacio estaban bajo el dominio de la Emperatriz.

Rashta había practicado diligentemente su firma, pero después de firmar el documento se sintió vacía. Cuando terminó, el canciller se marchó inmediatamente, diciendo que tenía trabajo que hacer. No hubo vítores, aplausos, o la sensación de éxtasis como si lo tuviera todo en el mundo.

Sovieshu también se fue con un "Tengo trabajo que terminar, nos veremos más tarde." Cuando Rashta regresó a su habitación, enterró su cara en sus manos.

"¿Por qué esto es así?"

Las sirvientas de Rashta se acercaron y le preguntaron qué le pasaba, el dolor que había estado guardando dentro de ella finalmente explotó.

"La Emperatriz debe odiarme, de lo contrario no nos habríamos saltado el banquete o el regalo. Incluso si no me dio un regalo, ¿no podría mostrar su cara?"

"No llores, Rashta. Por qué lloras en un día tan bueno..."

"No te preocupes, de todas formas rara vez la verás."

Sin embargo, el dolor de Rashta no se desvaneció. Cuando Sovieshu finalmente se apresuró a verla después de terminar su trabajo, notó que estaba de un humor sombrío.

"¿Por qué mi presa se ve tan deprimida en este día tan especial?"

"¿Qué quieres decir con día especial? Nadie me ha felicitado..."

"¿Nadie te felicitó? El canciller lo hizo. Se inclinó ante ti, y también los sirvientes."

Pero lo que Rashta quería era la felicitación de los nobles, no de los sirvientes. Quería ser reconocida por aquellos que levantaban sus barbillas como si fueran los mejores del mundo.

"La Emperatriz debe odiar a Rashta..."

A medida que el rostro de Rasta se tornaba más sombrío, Sovieshu se vio obligado a confesar algo.

"La Emperatriz no preparó un banquete o un regalo porque te odiara. Le dije que no lo hiciera porque no era un buen momento."

Rashta asintió, pero estaba claro que no le creía. En esta atmósfera, era imposible para Sovieshu relajarse y disfrutar con su concubina.

Al día siguiente, Sovieshu le dio un regalo a su secretario, quien a su vez se lo dio a Rashta en nombre de la Emperatriz.