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martes, 1 de octubre de 2019

City of Sin - Capítulo 1199

Libro 8 – Capítulo 62. La Búsqueda




Todo el campo de batalla fue sacudido por una onda expansiva centrada en Richard y Calor, desestabilizando ambas formaciones del ejército al instante. El ejército de Brahms cayó inmediatamente en el caos, pero incluso con algunas personas cayendo, los Archerons se recuperaron en unos momentos. Las potencias solo podían mirar impotentes mientras Richard aplastaba a Calor contra el suelo con increíble facilidad, Richard se levantó lentamente y se sacudió el polvo. Las grietas se extendieron en todas las direcciones desde el lugar de impacto, con el santo celeste desmayado en el centro.

Antes de perder el conocimiento, lo único en lo que Calor podía pensar era en la sensación de ser aplastado por un antiguo titán. ¿Cómo puede un humano tener tanta fuerza?

Cuando se levantó, Richard levantó su brazo derecho y dibujó dos círculos en el aire antes de señalar al ejército de enfrente. Los Archerons inmediatamente cargaron hacia el ejército de Brahms, ahogando a la fuerza mayor.

…….

Al anochecer, Calor había sido llevado de vuelta al Castillo Alas de Dragón por sus guardias más cercanos. No había sido capaz de mover ni un solo músculo en todo este tiempo, solo mirando al cielo y murmurando para sí mismo, “Fuerte… fuerte… fuerte… fuerte…”

El Marqués Brahms sintió que toda su arrogancia se esfumaba ante una increíble derrota, y aún más desconsolado ante el estado de su amigo cercano. Apretó los puños cuando oyó a Calor susurrar alocadamente, sabiendo muy bien que este hombre no era tan débil de voluntad como parecía. Había luchado contra oponentes legendarios en múltiples ocasiones sin vacilar, incluso siendo derrotado, pero Richard lo había aplastado en cuerpo y alma.

Antes de esta noche, Brahms había creído que el peor escenario contra Richard era la pérdida de sus soldados y quizás incluso de Calor. Sin embargo, la condición actual del general era claramente mucho peor que la muerte. Una clériga que lo había inspeccionado hace poco tiempo había confirmado que todos sus huesos estaban rotos, y que tardaría medio año en sanar. La propia clériga se había sorprendido por su evaluación; ¿cuánta fuerza se necesitaba para aplastar cada uno de los huesos de un guerrero casi legendario? Según los testigos, Richard empujó a Calor contra el suelo con un ataque. Sin embargo, la extensión de las heridas hizo que pareciera que había sido pisado por un dragón abisal.

“¿Cuántos muertos?” El Marqués se levantó, mirando fijamente a los cuatro guardias. Calor se había llevado 70.000 soldados cuando se marchó, pero ahora solo habían regresado cinco en total. Richard evidentemente les había permitido huir solo para que pudieran hacer este informe. El resto del ejército había sido dominado por completo.

“Unos 5.000 muertos, mi Señor, el resto se rindió,” contestó uno de los guardias.

“¿Y del lado de Richard?”

“Unos… pocos cientos…”

*¡Bang! ¡Thud!* Después de atravesar dos sólidos muros de piedra, un cadáver cayó al suelo. Brahms todavía no podía controlar su ira, gritando histéricamente, “¡SOLO CINCO MIL MUERTOS Y MI EJÉRCITO SE RINDIÓ! ¿QUÉ SENTIDO TUVO ALIMENTARLOS A TODOS?”

Los generales en la sala miraron directamente hacia abajo, sin atreverse siquiera a respirar audiblemente. Sabían que 5.000 muertos también implicaban aproximadamente cinco veces más de heridos, y la pérdida inmediata de su comandante hizo que la rendición fuera sensata. Si alguien tenía la culpa, era Calor por sobreestimar sus habilidades.

“Entonces díganme, ¿qué hacemos ahora?” Brahms gruñó después de unos minutos de maldecir, pero los generales solo se miraron con consternación sin hacer ningún ruido. Ellos ya sabían cuáles eran las mejores opciones—  o bien dejar que Richard hiciera lo que quisiera y esperar a que se fuera, o bien entregarle el oro divino. Nadie era tan tonto como para mencionarlo.

Evidentemente, el Marqués tampoco tenía la intención de que esa pregunta fuera respondida, expulsando a los generales y dejando solo a unos pocos sacerdotes de la Iglesia de la Gloria.

“¿Cuándo vendrá?”

“Tres días,” respondió un sacerdote.

“¡¿Tres días?! ¡Eso es suficiente para que Richard destruya mis tierras!”

El sacerdote se mantuvo en calma, “Este incidente fue demasiado repentino. Su Excelencia se encuentra en medio de una campaña militar crucial, tres días es lo más rápido que puede llegar.”

“¿Entonces me estás culpando por hacerme cargo de las cosas por mi cuenta?” Preguntó Brahms con voz oscura.

“No me atrevería,” el funcionario hizo una pequeña reverencia. La mera formalidad del gesto fue evidente para todos, pero el marqués también sabía que no tenía ningún poder sobre la iglesia, incluso como sobrino de un arzobispo.

……

El siguiente movimiento de Richard confundió a todos.


Después de su primera victoria, su ejército marchó con los prisioneros de guerra hasta Ciudad del Ocaso. El castillo cayó en solo seis horas, y unos 10.000 soldados heridos señalaron su rendición. Todo esto era razonable, pero luego dividió a su ejército en cinco partes que marcharon sobre las ciudades más importantes del territorio. Diez grupos de patrullaje más pequeños se dispersaron para cubrir los terrenos mientras estos ejércitos marchaban, dejando en claro que estaba buscando a los Halcones Carmesí.

Cada uno de los ejércitos de Richard contenía entre cinco y seis mil soldados, que se apoderaban fácilmente de sus objetivos. Si bien Brahms afirmó tener 200.000 soldados, la mayoría de sus élites habían caído en las dos batallas principales. Ahora solo tenía 10.000 hombres que en realidad valían algo en la batalla, y no podían ser sacados del Castillo Alas de Dragón.

Sin embargo, Richard no saqueó ninguna de las ciudades que conquistó. De hecho, básicamente no hizo nada, solo ocupó los lugares para asegurarse de que su ejército pudiera deambular libremente en busca de los Halcones Carmesí.

Nadie podía descifrar cuáles eran sus motivos; a simple vista, realmente parecía que solo quería realizar su llamada investigación y nada más. Podría haber marchado directamente hacia el Castillo Alas de Dragón después de su primera victoria, pero no lo hizo. Varios otros nobles cercanos se quedaron sin excusa para intervenir, ni tenían el deseo de hacerlo en primer lugar. Esto permitió que la humillante investigación no fuera cuestionada.

La mayoría de las guarniciones cedieron en el momento en que vieron a las tropas Archeron, expresando su intención de cooperar. Los pocos que se negaron fueron diezmados, y en poco tiempo Richard no tenía enemigos evidentes en la zona. Durante dos días completos, el Marqués Brahms sufrió en silencio mientras Richard arrastraba su reputación por el barro.

Y las cosas no terminaron ahí. Richard estableció múltiples puestos de control por todo el marquesado para examinar minuciosamente a cada viajero, lo que solo significó que la noticia de esta investigación se difundiera más rápido de lo necesario. De buena gana o no, Brahms se convirtió en el centro de los chismes de todo Norland, el flagrante robo del oro divino evidente para muchos. Ahora, todos esperaban ver cuál sería la respuesta a este contraataque mortal; si no fuera lo suficientemente firme, el marqués se convertiría en un chiste durante décadas.

La ansiedad le quitó el apetito a Brahms, pero como un comilón voraz, finalmente ordenó a algunos guardias que salieran del castillo para cazar un jabalí fresco. Sin embargo, los hombres regresaron a los pocos minutos de haber sido desplegados, sacudidos y con las manos vacías.

“¡¿RICHARD HIZO QUE?!” Otro grito sonó cuando el Marqués se puso una capa escarlata y salió del castillo. Seguía confiado en poder aguantar hasta que llegaran los refuerzos si Richard atacara, pero cuando se encontró con un puesto de control afuera, casi se desmayó de rabia.

El llamado puesto de control era solo una pequeña fortificación de madera que parecía que sería arrastrada por una brisa, ¡y que contaba con solo diez soldados! El Castillo Alas de Dragón aún tenía las fuerzas militares para enfrentarse incluso a diez santos, pero estos eran solamente soldados regulares. ¡Solo uno de ellos llevaba una insignia, y esa insignia significaba que solo era un capitán!

Brahms inmediatamente reunió a cien elites y se dirigió a los soldados Archeron, “¡¿Están cansados de vivir?!”

Sin embargo, el comportamiento del Marqués no pareció intimidar en absoluto a los Archerons. El joven oficial se adelantó, “Por orden de Su Excelencia Richard Archeron, hemos establecido un puesto de control aquí para interrogar a cualquier transeúnte. A ningún miembro de los Halcones Carmesí se le puede permitir escapar.”

Brahms agitó su mano con fuerza, señalando el castillo que tenía detrás, “¡Abre tus miserables ojos y mira bien! ¡Este es mi castillo, no hay ningún Halcón Carmesí aquí!”

“Conozco el Castillo Alas de Dragón,” contestó tranquilamente el capitán, “Mis órdenes son controlar el paso y recoger pruebas de todos los transeúntes.”

Brahms se quedó inmóvil por un momento antes de reírse, mirando al capitán mientras activaba su aura, “¿Entonces verificarías dentro de mi castillo si no puedes encontrar a nadie aquí?”

“Hmm…. Tal vez. Si recibo órdenes de hacerlo, espero contar con su cooperación.”