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martes, 1 de octubre de 2019

City of Sin - Capítulo 1151

Libro 8 – Capítulo 14. Paz A Través de la Guerra




Durante la campaña, Richard había luchado personalmente contra las leyendas del Imperio Árbol Sagrado y del Imperio Milenario, al mismo tiempo que mantenía el mando de todo su ejército. Su maná había sido drenado innumerables veces y tenía heridas de diferentes tamaños por todo el cuerpo, pero había ordenado a su clero que curara a los soldados en lugar de a él. Las pociones de maná solo ayudaron hasta cierto punto, reparando el agotamiento a nivel superficial y dejando intacta la amenaza más profunda.

Todo este estrés solo había desaparecido en el momento en que regresó al centro de comando y pudo relajarse. Por lo tanto, terminó perdiendo el control y se quedó dormido.

La sala se quedó en silencio de inmediato. Los seguidores y generales de Richard se miraron fijamente por un momento antes de continuar la reunión en absoluto silencio, planeando irse sin hacer ruido y dejarlo descansar un poco. Sin embargo, en unos pocos minutos, su respiración constante se vio perturbada una vez más al reconocer el extraño silencio, “Huh… ¿Terminaste?”

Respiró hondo e intentó mantenerse despierto esta vez, “¿Hay algo de lo que quieran hablar conmigo?”

“Su Alteza…” uno de los generales de Alice preguntó, “Hay algo que todavía no entiendo. Los tres imperios solamente reunieron a sus ejércitos en nuestras fronteras y en realidad no nos invadieron; ni siquiera expresaron formalmente sus intenciones. ¿Por qué atacamos primero?”

“Por la paz,” respondió.

“¿Por… la paz?”

Richard sonrió, “La verdadera paz siempre se logra a través de la guerra.”

……

Pasarían unos días antes de que el general comprendiera verdaderamente el significado de las palabras de Richard. La venganza que había estado esperando de los tres imperios nunca llegó, sino que fue reemplazada por enviados. Sorprendentemente, todos estos enviados también tenían intenciones similares; querían proponer un armisticio.

<< Nota: Armisticio – Acuerdo que firman dos o más países en guerra cuando deciden dejar de combatir durante cierto tiempo con el fin de discutir una posible paz. >>

En ese momento, Richard ya había regresado a Faelor y enviado a Olar de vuelta para que se ocupara de la política. Había dejado en claro lo esencial antes de irse: los tres imperios estaban aquí buscando reconciliación, y lo mejor que él podía hacer era ignorar sus propias pérdidas. Los prisioneros serían tratados de la misma manera que en cualquier guerra civil y se pediría un rescate como de costumbre.

Por extraño que parezca, los enviados estuvieron de acuerdo. Esta fue una gran concesión para una sola familia; incluso si Richard había perdido a algunos de sus hombres, técnicamente seguía siendo el agresor en este asunto. Sin embargo, estos enviados incluso intentaban formar una alianza. Tanto el Imperio Árbol Sagrado como el Imperio Milenario prepararon largas listas de recursos que podrían dejar a cualquiera aturdido, los enviados fervientes y sinceros en sus insinuaciones de que solo necesitaban hacer que él se abstuviera de unirse al otro bando. Incluso la Alianza Sagrada dio a entender que el regreso de Richard podría negociarse; la propia Apeiron podría ceder un poco.

Ni Olar había esperado que los enviados se comportaran de esta manera; entendía la política desde una perspectiva más microscópica a través de sus interacciones con la clase alta, mientras que las negociaciones de guerra en un plano menor como Faelor eran diferentes de las interacciones con los superiores.

Los nobles de Norland experimentaron una vez más la locura de los Archerons, una familia que era conocida por atacar en vez de defender. Esta vez, un mar de caballeros rúnicos y un poderoso legendario mago habían demostrado cuán grande era el precio de la guerra; no se podía conquistar rápidamente a Richard, lo que significaba que tenía tiempo de sobra para negociar con sus rivales para unirse al otro bando. La situación actual en la que no estaba afiliado era mucho mejor, sobre todo porque había dado a entender que seguiría recibiendo pedidos de runas personalizadas incluso de la Alianza Sagrada. En ese sentido, sería como si la guerra nunca hubiera ocurrido.

……

Las cosas se habían calmado en Faelor, el regreso de Richard no causó ninguna conmoción en particular. A los ojos de los demás países del continente, el vil Ducado Carmesí se había vuelto de repente tranquilo y pacífico, deteniendo todas las operaciones militares como si Richard estuviera completamente saciado por la costa oriental.

Sin embargo, las docenas de ducados alrededor de la Bahía Walvis se sintieron todos muy incómodos, incluso peor que cuando Rislant había hecho público su deseo por ellos. 20.000 caballeros seguían apostados en la costa, los terroríficos humanoides y los lanza sombra fueron reforzados recientemente. Gangdor les había demostrado que esta era una fuerza suficiente para aniquilar a cientos de miles de sus soldados con bastante facilidad, por lo que temían que el hambre de Richard se exacerbara.

La situación en el Imperio Triángulo de Hierro también se fue calmando lentamente. La nobleza reconoció el derecho de Salwyn a ocupar el trono y, al menos en la superficie, las órdenes del nuevo emperador fueron efectivas en todo el país. Todos en oposición a Salwyn ya estaban conquistados o simplemente muertos.

A los ojos de la nobleza, esto era gobernabilidad a través del poder y el terror. Sin embargo, los plebeyos y otros países de alrededor no sintieron lo mismo. El Imperio Triángulo de Hierro había perdido completamente la guerra, sufriendo una derrota tan terrible que no habría sido una sorpresa para el país ser destruido. Sin embargo, solo habían perdido la tierra de un vasallo, así como de algún otro territorio fronterizo mientras la línea de sangre real aún permanecía en el trono. No se tomaron esclavos, no hubo masacres y las pérdidas totales fueron impensablemente bajas.

……

El Valle del Dragón continuó prosperando. La mayoría de las leyendas y santos celestes habían regresado del Plano del Dragón al menos una vez, trayendo consigo sus grandes cosechas. El valle en sí mismo se había convertido en una ciudad completamente autosuficiente, que contenía todo tipo de cosas como una cervecería y un viñedo, un taller de runas, un herrero e incluso un burdel.

Cuarenta caballeros rúnicos patrullaban constantemente el valle, encargados de vigilar el portal para evitar que dragones al azar asomaran sus cabezas. Todavía causaban un poco de conmoción cada vez que patrullaban las mansiones; incluso las leyendas no utilizaban normalmente a un solo caballero rúnico para una tarea tan baja.

Por supuesto, ya no había nadie en el valle tan tonto como para desafiar a Richard. La noticia de que había derrotado a un mago de nivel 22 cuando ni siquiera era una leyenda se había extendido hace mucho tiempo, al igual que el hecho de que él mismo se había convertido en una leyenda. Aunque tendría que pasar algún tiempo estabilizándose, nadie tuvo el valor de desafiarlo. Algo de esto tenía que ver con Sharon y Rubén, pero su propio poder y estatus lo habían hecho igual a las otras leyendas de aquí. En este punto, su llegada y salida fueron considerados eventos significativos.

Cuando Richard salió del portal de Agua Azul, tuvo que entrecerrar los ojos un poco para ver a través de la fuerte luz del sol. El cielo era de un azul ilimitado hasta donde se podía ver, y el sol rojo latía constantemente. Él sonrió, aparentemente murmurando para sí mismo, “Tan buen clima es muy extraño.”

“En efecto, Su Excelencia,” una voz sonó en su oído, “No nos hemos visto antes, mi nombre es Aaron.”

Richard se dio la vuelta para mirar al santo celeste que había hablado, un nombre bastante familiar. El apuesto joven parecía rebosante de talento, su sed de sangre y su confianza inconfundible dejaron en claro que no se trataba de una exageración. Era alguien que poseía el poder y los logros para demostrarlo; el nombre de Aaron no era menos famoso que el de Beye.

“¿Fue una buena cosecha?” Richard sonrió, asintiendo.

“Mucho mejor de lo que podría haber esperado,” contestó Aaron.

“Genial. Aprovecha esta oportunidad.”

“Lo haré, Su Excelencia. Planeo regresar justo después de entregar todo a mi familia.”

Richard asintió y se dirigió a las profundidades del valle. Fue solo cuando su figura desapareció que Aaron se dio cuenta de que había estado haciendo reverencias todo este tiempo, tal respeto algo que solamente mostró a sus padres y otros ancianos. Sus ojos se llenaron de miedo mientras miraba hacia donde se había ido Richard; ¡ni siquiera había querido inclinarse en primer lugar!

Richard regresó a su residencia y arrojó la Luz Lunar y el Juez a un lado antes de tirarse en el sofá. Nasia había aparecido por la entrada antes de que se diera cuenta, pero solo gruñó en respuesta a su saludo mientras miraba hacia abajo con la barbilla en su mano.

“¿Tienes algo en mente?” Se rió entre dientes al acercarse.

“Mm, perdí.”

“¿Oh? ¿Estuvo mal?”

“Fue… total.”

Nasia pareció interesarse aún más, agachándose a su lado y observando sus ojos durante un rato para divertirse, “Total, ¿eh? Eso es interesante. Pero no debería haber nadie fuera de mí que pueda vencerte tan fácilmente, ¿quién fue?”

Richard respiró hondo, mostrando en realidad una sonrisa, “Apeiron.”

“¿Apeiron? ¿Te refieres a la Emperatriz? Espera…” los labios de su máscara parecieron abrirse mientras su tono se elevaba, “¿Realmente fuiste y desafiaste a un ser épico? ¿Eres estúpido o estás loco? ¿Perdiste totalmente? ¡Es increíble que no hayas muerto ahí mismo! ¿Qué crees que es un ser épico? ¡¿Solo siete u ocho niveles sobre ti?! Te acabas de convertir en una leyenda, ¡¿Aún no tienes un semiplano?! ¡¿Has terminado alguna de tus leyes?! ¿Has estabilizado tu maná? ¡¿Tienes tu habilidad?!”

El aluvión de preguntas pareció aplastar a Richard como una tormenta. Él sonrió sin respuesta, pero su expresión definitivamente no era de sonrisa.