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martes, 1 de octubre de 2019

City of Sin - Capítulo 1150

Libro 8 – Capítulo 13. Batalla Del Ciervo Blanco (2)



“Richard,” dijo Baynard después de un tiempo, “He sido un ser legendario por más de un siglo. Al menos respeta mi experiencia lo suficiente como para mostrarme tu fuerza; si eres lo suficientemente poderoso, me retiraré inmediatamente. Si sigues ignorándome, tendré que luchar a pesar del peligro.”

Richard se giró para mirar al viejo mago, “Muy bien, aquí está mi habilidad, la Tríada Apocalíptica.”

Tres caras distintas emergieron ante Richard. A la izquierda estaba el demonio, lleno de una sed insaciable de destrucción y ruina. A la derecha estaba la belleza impecable, una cara andrógina que parecía una mezcla entre la realeza de los elfos y lo celestial con una sensación indescriptible de vitalidad. Justo frente a él estaba la perfección, cada línea exactamente donde debía estar, a pesar de los afilados cuernos curvos en la parte superior; una combinación de demonio, diablo y ángel, caos, orden y pureza.

Baynard nunca antes había visto una existencia así. Se quedó sin palabras en el instante en que surgieron las tres caras, solo capaz de sentir tres aterradoras voluntades enfocándose en él simultáneamente y ejerciendo una presión tan inmensa que su alma casi fue destrozada. Eventualmente se dio cuenta de que cada una de estas cabezas sería capaz de lanzar un hechizo diferente; incluso tres hechizos de grado 9 le resultaban imposibles de bloquear, pero estos parecían ser de grado legendario. Y si esos hechizos se combinaban bien… se estremeció ante la idea.

El viejo mago había podido vivir en paz durante tanto tiempo a pesar de su poco talento porque su habilidad legendaria era de naturaleza defensiva. Aun así, la muerte sería inevitable si Richard lo atacara. Tampoco podía recordar a una sola persona que fuera capaz de enfrentarse a tal poder estando al mismo nivel, un pensamiento que era aún más aterrador.

¿Tendría que bloquear a Richard espacialmente, o tal vez simplemente alterar el flujo de tiempo para estropear el ritmo? Baynard tenía una rica experiencia en combate que le permitió armar una serie de planes de respuesta, pero no se le ocurrió ninguno que le diera una oportunidad de victoria, solo de supervivencia. Su túnica se empapó rápidamente de sudor.



Abajo, la cara del Duque Turing se estaba poniendo más fea cada minuto. Sus caballeros rúnicos habían sido diezmados, y al intentar llamar a sus santos para que los ayudaran, se dio cuenta de que la mayoría de las bajas a ese nivel eran de su propio bando. Los subordinados de Richard parpadeaban como rayos de luz, matando a los santos dondequiera que iban. ¡Incluso la mayoría de los guerreros defensivos apenas pudieron resistir un solo golpe, mientras que el resto murió al instante!

Girándose para encontrar a Cassius igual de pálido, su corazón se hundió. El general sintió la mirada del Duque, “Richard tiene demasiados santos celestes. Su Alteza, solo nos queda una opción; que Su Excelencia haga su jugada. Solo podemos ganar si el propio Richard es derrotado primero.”

“Muy bien,” Turing apretó los dientes, mirando hacia arriba y gritando, “¡Su Excelencia Baynard, haga su jugada! ¡Considere su oferta aceptada!”

Baynard aún estaba dudando, pero los gritos del Duque parecieron conducirlo a una decisión. Él asintió a Richard y hasta se inclinó un poco, “Su Excelencia, el conflicto de hoy fue un malentendido. Me marcharé.”

Una brillante llama amarilla envolvió el cuerpo de Baynard, desapareciendo de la vista y dejando a un aturdido Turing. ¿El legendario mago se había escapado? ¿Y sin siquiera intentarlo?

El Duque no era el único que no podía creer lo que veían sus ojos. Muchos santos y los cientos de miles de tropas que había debajo levantaron la vista con la misma conmoción; ¿incluso un veterano experimentado como Baynard no se atrevió a luchar contra Richard?

Con todos los ojos puestos en él y con Turing rugiendo de ira, Richard simplemente señaló a las tropas de la Alianza y pronunció una sola frase, “Destrúyanlos.”

En el suelo, el ejército negro y rojo Archeron se apresuró y perforó profundamente en los flancos del enemigo, girando a la derecha y excavando un centenar de agujeros diferentes en su formación. Las fuerzas superiores de la Alianza Sagrada fueron masacradas en cuestión de horas, solo una quinta parte de los 150.000 soldados originales escaparon con vida y los caballeros rúnicos fueron aniquilados. Un tercio de todos sus santos fueron asesinados, mientras que el Duque Turing fue capturado vivo.

En medio de todo esto, pocos se dieron cuenta de que la guardia personal de Turing de veinte soldados de los cuales muchos eran santos fue eliminada de un solo golpe por Richard. El propio Duque quedó atónito al ser capturado.

……

Después de la batalla, Richard ordenó a su ejército hacia el sur, marchando todo un día y una noche para aparecer en el flanco del Imperio Milenario. Esta vez, él personalmente dirigió el ataque, con sus seguidores, caballeros rúnicos, soldados de invierno y otros zánganos en la vanguardia. Fue un ataque total sin ruta de retirada, y él se encontraba en la punta de la lanza.

Antes de la batalla, Richard solo había dado una orden, “¡Síganme!”

Desde el señor ogro hasta los caballeros ordinarios del ejército, sus pasiones se encendieron inmediatamente. Persiguieron a la cada vez más distante figura que estaba cortando personalmente a través de docenas de oponentes por minuto para abrir el ataque. Esta batalla supuso un duro golpe para el Imperio Milenario, permitiendo que solo 10.000 de sus 100.000 soldados escaparan, mientras que las élites fueron aniquiladas por completo. Dos duques, cuatro marqueses y varios condes fueron tomados prisioneros, y la mayoría de los santos cayeron en batalla.

El Imperio Milenario tenía un sentido del honor que era evidentemente más fuerte que la Alianza Sagrada. Aunque rápidamente se dieron cuenta de que habían perdido, la mayoría de los soldados se negaron a retirarse o rendirse. Mucho más de ellos murieron a causa de esta actitud, pero Richard también sufrió mayores pérdidas. Al final de todo, tuvo que dejar a sus caballeros y soldados ordinarios para que descansaran y se reorganizaran mientras conducía a 10.000 élites a una batalla decisiva contra el Imperio Árbol Sagrado al pie del Castillo Blackrose.

……

El enfrentamiento contra el Imperio Árbol Sagrado fue el más duro de todos, pero también fue la más brillante muestra de mando. Las formaciones de Richard no se derrumbaron o confundieron ni por un segundo, y cuando la situación entró en punto muerto, Gangdor repentinamente trajo a 5.000 humanoides desde Faelor, mientras que Alice lanzó un ataque con sus propias tropas. El ataque de tres puntas lentamente derrotó a las fuerzas de Solam y las obligó a huir.

El Duque no estaba convencido de esta derrota, elevándose heroicamente al cielo para enfrentarse a Richard en un gran duelo. Se suponía que debía poseer una enorme ventaja como antimago de las sombras, pero Richard mostró rápidamente la Tríada Apocalíptica y envió un interminable aluvión de hechizos de alto grado hacia el asesino. Ninguna cantidad de resistencia mágica podría soportar las intensas descargas, e incluso usando su habilidad y destreza para desviar la mayor parte del daño, fue encerrado en una posición cercana a una pelea cuerpo a cuerpo y ahogado en bolas de fuego. En el momento en que huyó con heridas graves, el ejército se dispersó en todas las direcciones.

En menos de diez días, Richard había reunido a su ejército para asegurar las áreas circundantes y mató a incontables potencias mientras ganaba todas sus batallas. Los innumerables nobles de los tres imperios rápidamente se callaron, ninguno de ellos se atrevió a hablar más en contra de los Archerons.

……

Unos pasos pesados y urgentes resonaron por los oscuros pasillos del Castillo Blackrose cuando un exhausto Richard corrió hacia el centro de comando y se tiró en su silla.

“¿Podemos comenzar, Su Excelencia?” Preguntó un mago con cautela, y mirando a su alrededor para ver a todos sus seguidores y generales importantes, Richard hizo un gesto de aprobación con la mano a regañadientes.

El mago abrió un mapa mágico que mostraba la situación militar actual, su voz se volvió un poco incrédula, “Las fuerzas de los tres imperios han sido eliminadas del Dominio Ciervo Blanco. El Valle Dorado y el Río Kebi ahora están firmemente bajo nuestro control, pero las bajas son las siguientes…”

Lo que siguió fue una tediosa lista de estadísticas. La guerra apenas había terminado, pero la mayoría de los seguidores aún no tenían una idea clara de la situación. Al haber estado más preocupados por la batalla entre las potencias, muchos de ellos no habían tenido la oportunidad de prestar atención a sus pérdidas antes; sus caras se volvieron más pesadas con cada número.

Las pérdidas de Richard fueron severas. Había perdido casi cien caballeros rúnicos, y solo la mitad de las 100.000 tropas habían regresado al Castillo Blackrose. La mayoría de los muertos fueron élites de la madre cría y guerreros Archeron, cada muerte supuso una gran pérdida.

A cambio, habían diezmado casi 300.000 de los tres grandes imperios, matando a unos 250 caballeros rúnicos y a casi un centenar de santos. Esto equivalía a destruir tres familias del sexto nivel de Fausto, una pesada carga que soportar incluso si se compartía. Cualquier número de soldados ordinarios caídos no era un problema—  la mayoría de los nobles tenían un mar interminable de tales soldados apostados en sus planos privados— pero nadie podía pasar por alto la muerte de los santos y de los caballeros rúnicos. En muchos aspectos, la muerte de los caballeros rúnicos era incluso peor; mientras que los santos estaban generalmente menos restringidos y tendían a escapar más rápidamente, los caballeros rúnicos eran soldados hasta el final. Incluso en las batallas de Richard, la mitad de los santos habían huido, mientras que solo un puñado de caballeros rúnicos sobrevivieron.

Un soldado normal sería llamado desertor si escapara del campo de batalla, mientras que uno solo diría que un santo había huido. Esta era la realidad de Norland; los santos eran seres respetados que jugaban con reglas diferentes, mientras que los caballeros rúnicos no.

Los logros de Richard fueron casi increíbles. ¡Esta no fue una batalla contra un frágil plano secundario o terciario, sino una guerra contra las tropas de élite de los tres grandes imperios! Todas las familias que participaron aquí combinadas probablemente tenían docenas de planos privados en conjunto, ¡tal vez hasta un centenar!

Cuando el mago terminó su largo discurso, un ronquido inoportuno resonó por el centro de comando. Todos los ojos se dirigieron hacia el origen, el propio Richard.